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sábado, 30 de junio de 2012

Góngora, el gran poeta


Era Acis, un venablo de Cupido

de un fauno, mitad hombre, mitad fiera

en Simetis, hermosa ninfa, habido

gloria del mar, honor de su ribera.



En algún rincón oculto de mi memoria guardo todavía estos versos del “Polifemo” de Góngora, aprendidos, junto a otros cuantos, durante el curso preuniversitario de 1960-61 (aclaremos para “los menos viejos” que el “Preu" era el inmediato precedente de lo que luego fue el COU). En dicho curso a alguna autoridad educativa se le ocurrió, vaya usted a saber por qué oscuras razones, que los jovencitos y jovencitas de 16 años debíamos profundizar en el conocimiento de la obra de Góngora “Fábula de Polifemo y Galatea”, eso si censurando del largo poema algunos versos que podrían ser piedra de escándalo para tan tiernos corazones como era la metáfora de los “pomos de nieve” usada por el poeta para encarecer la blancura de los pechos de la ninfa.
Me he acordado de esta anécdota con ocasión de la visita de la interesante exposición de largo título “Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo” (Biblioteca Nacional, del 30 de mayo al 19 de agosto de 2012)[1].  En la presentación del tríptico informativo se nos dice que Góngora es un poeta excelente “de difícil comprensión” y esa es la sensación que yo tengo hasta ahora de su obra comparada con la de sus contemporáneos Lope de Vega y Quevedo. No es Góngora poeta que arrastre multitudes, sino minorías y eso se nota también en la discreta afluencia a esta exposición que, como sucede con casi todas las que organiza la BNE,  está muy bien montada y es de acceso libre.

El espacio expositivo se divide en las siguientes cuatro partes:   

I En orbe de oro luminosa estrella. Vida y contextos.
La existencia de Don Luis de Góngora y Argote se puede dividir en cuatro etapas vitales. La primera, desde su nacimiento (1561) hasta 1585, son los años de aprendizaje; la segunda, hasta 1611, corresponde a los años durante los cuales Góngora permanece “al servicio del cabildo cordobés” como racionero, sin descuidar su vertiente de poeta; la tercera, entre 1611 y 1616 es la época de su apogeo creador, una vez liberado de sus obligaciones eclesiásticas y la última de 1617 en adelante es la época de Góngora cortesano en Madrid y dura hasta 1626 año en que vuelve a Córdoba para morir al año siguiente en la mayor pobreza.

No fue Góngora un gran viajero, si lo comparamos con otros ilustres de su tiempo, pero conoció bien Andalucía y Castilla, “con la suela y con los ojos” que es como  deben conocerse las ciudades. A este respecto, son interesante las dos vistas de Madrid que se exponen: una de la Plaza Mayor (siglo XVII, anónimo, del Museo de Historia de la Ciudad) y otra de Madrid desde la salida del puente de Segovia, con toros desmandados, que permite apreciar  como era el exterior del viejo Alcázar de los Austrias. También es notable una vista de Córdoba, dibujo encuadernado en un libro, obra de Anton van der Wyngaerde que procede del Albert and Victoria Museum.
Fue Góngora noble de sangre, hijo de un juez del santo Oficio y de una dama de la nobleza, status al que contribuyó su estado eclesiástico. En Madrid su estrella brilló  no por su dinero, sino por sus versos, siendo nombrado capellán real por Felipe III, aunque  sin lograr salir de luchas y envidias “consumido en pretensiones cortesanas, de las que muy poco sacó para si, y vegetando en una vida llena de angustias pecuniarias[2].

Diversos cuadros ilustran este ambiente cortesano: retratos de Felipe II, Felipe III, Felipe IV junto a dos servidores (Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación) e Isabel de Borbón (Museo de Valladolid) y de otros personajes célebres relacionados de alguna manera con Góngora, como el cardenal Niño de Guevara, don Rodrigo Calderón o don Álvaro de Bazán o Fray Hortensio Paravicino (El Greco. Museo de Bellas Artes de Sevilla). Resulta impresionante el “auto de fe”, anónimo ¿o de Rizzi?, del Museo Casa del Greco de Toledo
¿Qué libros “hechizaron” a Don Luis? Lógicamente los autores clásicos latinos como  Virgilio u Ovidio o los modernos que bebían de fuentes clásicas como Ariosto o Tasso, algunas de cuyas ediciones antiguas se muestran en la exposición al igual que las obras de los autores españoles mas apreciados por el poeta como Juan de Mena, Garcilaso o Ercilla.


¿Como era físicamente el poeta? Sin duda una de las piezas más valiosas de la exposición es el retrato de Luis de Góngora y Argote, pintado por un joven Velázquez en 1622, a instancias de su suegro Francisco Pacheco, cuando el poeta tenía mas de sesenta años, ( Museum of Fine Arts de Boston. Maria Antoinette Evans Fund)[3]  Hay otros dos retratos iguales de Góngora, pintados igualmente por Velázquez o su escuela, en el Museo del Prado y en la Fundación Lázaro Galdiano, pero este ejemplar de Boston parce el mejor de los tres (hubiera sido buena idea ponerlos juntos para permitir la comparación). Es un retrato de gran penetración psicológica donde el poeta aparece con gesto adusto, una mezcla de obstinación, orgullo y decepción en los años finales de su vida. 

Que el poeta cordobés era taciturno y poco agraciado, lo confirman otros retratos como el de Juan van der Hamen que figura en el primero de los tres  volúmenes del  Códice Chacón, (Biblioteca Nacional), dedicado al Conde Duque de Olivares  y que son la base  de todas las ediciones posteriores de las obras de Góngora. Del Conde Duque de Olivares se muestra un óleo sobre papel, obra de Velázquez, (Patrimonio Nacional).

2 “Aquel que tiene  de escribir la llave”: El triunfo de Góngora en el siglo XVII
Fue Cervantes quien dijo de Góngora que tenía la “llave de la poesía” y en efecto, la fama  e influencia de la obra de Góngora, más de cuatrocientas composiciones, se expandirá por Europa y América, hasta el siglo XVIII. En aquellos siglos las obras de los autores eran conocidas, tanto por la trasmisión manuscrita como  la imprenta. Manuscritos de las obras de Góngora hay muchos expuestos, Alba,   Iriarte, Llaguno (con grabado)…  así como ejemplares de antiguas ediciones de sus obras.


Góngora tuvo pronto seguidores, imitadores y apologistas de su obra en España, Portugal y América. Entre ellos Castillo Solorzano, Villamediana, Soto de Rojas, Manuel de Melo. Quevedo y Lope que mantuvieron con él agrias polémicas, envidiaron su originalidad y la perfección de sus versos. De estos dos grandes, se muestran sendos retratos: el de Quevedo, es el clásico del Instituto de Valencia de Don Juan y el de Lope procede de la Fundación Lázaro Galdiano. Hay mas retratos, de Pellicer (obra de Carreño) y de Pedro de Valencia (con quevedos).

3. Motivos cotidianos. Poemas estelares. Mitos inagotables. Sugerencias de la forma, la línea y el color.

Una característica de la poesía de Góngora es la mezcla de lo culto con lo popular. Son motivos inspiradores lo pastoril, la cinegética y la música. Sobre todo es Góngora un poeta musical. En la exposición se muestra un espléndido “Joven tocando la tiorba” de Jan Gerrit von Bronchorst del Museo Thyssen-Bornemisza y diversas piezas de colección de instrumentos musicales: guitarras, bandurrias, un espléndido salterio, castañuelas, archilaúd…

Las grandes composiciones gongorinas (Soledades, Polifemo y Galatea, Píramo y Tisbe) están evocadas en la exposición mediante grandes cuadros (el que mas me gusta es el de Acis y Galatea de Charles de Fosse, del Museo del Prado), grabados y un tapiz con escenas de cetrería, muy bonito, de la colección Carmen Thyssen Bornemisza.

4. La galaxia de Góngora en el siglo XX.

La generación del 27  (Falla, Federico, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Alberti, Guillén, Salinas, Cernuda etc) fue entusiasta de Góngora, cuyos actos homenaje en el Ateneo de Sevilla organizaron al cumplirse el tercer centenario de su muerte (16 y 17 de diciembre de 1927), así como fueron responsable o promotores de la publicación de numerosas antologías y estudios críticos, que se muestran en la exposición.  Los poetas del 27, algunos de cuyos retratos se exhiben,  buscaban la perfección técnica y la pureza poética que veían reflejadas en el poeta de Córdoba. La proyección dela figura y de la obra de Góngora se adentra en el siglo XX  con composiciones alusivas al poeta de Vázquez Diaz, Vaquero Turcios, Gordillo, Subirachs, Equipo Crónica y  llega hasta el mundo contemporáneo (Gimferrer) de tal modo que Harold Bloom, “el sublime pope de la literatura y majestad de la crítica literaria[4], dice de él que es “el gran poeta español” lo que equivale a preferirle a cualquier otro.    

Hemos dejado para el final el comentario sobre el hallazgo reciente en la sección de la Inquisición de Córdoba en el Archivo Histórico Nacional por la hispanista Amelia de Paz de un manuscrito gongorino desconocido. Se trata de cinco páginas manuscritas escritas a doble cara  en las que Góngora acusa a un antiguo amigo, el disoluto inquisidor Alonso Giménez de Reynoso quien estaba amancebado con María de Lara a la que llevaba de ciudad en ciudad allá donde iba destinado, una relación muy pública y escandalosa, según Góngora. La historia y las expresiones que usa Góngora, a la sazón de 36 años de edad,  en su escrito de acusación son divertidas, aunque al denunciado seguramente no le harían ninguna gracia (eso de ser un chivato es cosa fea) .
No se, ciertamente,  si Góngora es, como dice Joaquín Roses, el comisario de la exposición (catalogo de precio imposible, 40€), si Góngora, “un adelantado a su tiempo” es “hoy por hoy, el mas actual de nuestros poetas clásicos[5], “un modelo para todo creador consciente  delo que lo que nos define como humanos está radicalmente unido al lenguaje y la belleza”. Personalmente, quizás debido al prejuicio de haberlo leído en edad temprana, he preferido los claros y rotundos sonetos de Quevedo y Lope a las abstrusas fábulas gongorinas, pero estoy dispuesto a rectificar mi juicio, si me convenzo de lo contrario, leyendo o releyendo su obra poética. Quizás esta sea la lección más provechosa que  haya sacado de esta magnífica exposición cuya visita recomiendo mis lectores.

© Manuel Martínez Bargueño
Junio 2012

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Gracias. Manuelblas

NOTAS

[1] Gongora. La estrella inextinguible en  http://www.bne.es  con excelentes fotografías.

[2] Juan e Isabel Millé,  Obras completas de don Luis de Góngora y Argote”1932, pág. XVIII.

[3] El retrato fue propiedad del Marques de Vega Inclán a comienzos del siglo XX. En 1931 estaba en Thomas Harris Ltd, de Londres. En el Museo de Boston desde 1932.

[4] El Cultural de El Mundo, 26 de enero de 2012.

[5] Joaquín Roses “Un adelantado a su tiempo”. El País, 30 de mayo de 2012.