Era Acis, un venablo de Cupido
de un fauno, mitad hombre, mitad
fiera
en Simetis, hermosa ninfa, habido
gloria del mar, honor de su
ribera.
En algún rincón oculto de mi
memoria guardo todavía estos versos del “Polifemo” de Góngora, aprendidos,
junto a otros cuantos, durante el curso preuniversitario de 1960-61 (aclaremos
para “los menos viejos” que el “Preu" era el inmediato precedente de lo que
luego fue el COU). En dicho curso a alguna autoridad educativa se le ocurrió,
vaya usted a saber por qué oscuras razones, que los jovencitos y jovencitas de
16 años debíamos profundizar en el conocimiento de la obra de Góngora “Fábula de Polifemo y Galatea”, eso si
censurando del largo poema algunos versos que podrían ser piedra de escándalo
para tan tiernos corazones como era la metáfora de los “pomos de nieve” usada
por el poeta para encarecer la blancura de los pechos de la ninfa.
Me he acordado de esta anécdota
con ocasión de la visita de la interesante exposición de largo título “Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud
estética y universo contemporáneo” (Biblioteca Nacional, del 30 de mayo al
19 de agosto de 2012)[1]. En la presentación del tríptico informativo
se nos dice que Góngora es un poeta excelente “de difícil comprensión” y esa es la sensación que yo tengo hasta
ahora de su obra comparada con la de sus contemporáneos Lope de Vega y Quevedo.
No es Góngora poeta que arrastre multitudes, sino minorías y eso se nota también
en la discreta afluencia a esta exposición que, como sucede con casi todas las que
organiza la BNE, está muy bien montada y
es de acceso libre.
El espacio expositivo se divide
en las siguientes cuatro partes:
I En orbe de oro luminosa estrella. Vida y contextos.
La existencia de Don Luis de Góngora
y Argote se puede dividir en cuatro etapas vitales. La primera, desde su
nacimiento (1561) hasta 1585, son los años de aprendizaje; la segunda, hasta
1611, corresponde a los años durante los cuales Góngora permanece “al servicio
del cabildo cordobés” como racionero, sin descuidar su vertiente de poeta; la
tercera, entre 1611 y 1616 es la época de su apogeo creador, una vez liberado
de sus obligaciones eclesiásticas y la última de 1617 en adelante es la época
de Góngora cortesano en Madrid y dura hasta 1626 año en que vuelve a Córdoba
para morir al año siguiente en la mayor pobreza.
No fue Góngora un gran viajero,
si lo comparamos con otros ilustres de su tiempo, pero conoció bien Andalucía y
Castilla, “con la suela y con los ojos” que es como deben conocerse las ciudades. A este
respecto, son interesante las dos vistas de Madrid que se exponen: una de la Plaza
Mayor (siglo XVII, anónimo, del Museo de Historia de la Ciudad) y otra de
Madrid desde la salida del puente de Segovia, con toros desmandados, que
permite apreciar como era el exterior
del viejo Alcázar de los Austrias. También es notable una vista de Córdoba,
dibujo encuadernado en un libro, obra de Anton van der Wyngaerde que procede
del Albert and Victoria Museum.
Fue Góngora noble de sangre, hijo
de un juez del santo Oficio y de una dama de la nobleza, status al que
contribuyó su estado eclesiástico. En Madrid su estrella brilló no por su dinero, sino por sus versos, siendo
nombrado capellán real por Felipe III, aunque
sin lograr salir de luchas y envidias “consumido en pretensiones cortesanas, de las que muy poco sacó para si,
y vegetando en una vida llena de angustias pecuniarias”[2].
Diversos cuadros ilustran este
ambiente cortesano: retratos de Felipe II, Felipe III, Felipe IV junto a dos
servidores (Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación) e Isabel de Borbón
(Museo de Valladolid) y de otros personajes célebres relacionados de alguna
manera con Góngora, como el cardenal Niño de Guevara, don Rodrigo Calderón o
don Álvaro de Bazán o Fray Hortensio Paravicino (El Greco. Museo de Bellas
Artes de Sevilla). Resulta impresionante el “auto de fe”, anónimo ¿o de Rizzi?,
del Museo Casa del Greco de Toledo
¿Qué libros “hechizaron” a Don
Luis? Lógicamente los autores clásicos latinos como Virgilio u Ovidio o los modernos que bebían
de fuentes clásicas como Ariosto o Tasso, algunas de cuyas ediciones antiguas
se muestran en la exposición al igual que las obras de los autores españoles
mas apreciados por el poeta como Juan de Mena, Garcilaso o Ercilla.
¿Como era físicamente el poeta?
Sin duda una de las piezas más valiosas de la exposición es el retrato de Luis
de Góngora y Argote, pintado por un joven Velázquez en 1622, a instancias de su
suegro Francisco Pacheco, cuando el poeta tenía mas de sesenta años, ( Museum
of Fine Arts de Boston. Maria Antoinette Evans Fund)[3] Hay otros dos retratos iguales de Góngora,
pintados igualmente por Velázquez o su escuela, en el Museo del Prado y en la
Fundación Lázaro Galdiano, pero este ejemplar de Boston parce el mejor de los
tres (hubiera sido buena idea ponerlos juntos para permitir la comparación). Es
un retrato de gran penetración psicológica donde el poeta aparece con gesto
adusto, una mezcla de obstinación, orgullo y decepción en los años finales de
su vida.
Que el poeta cordobés era
taciturno y poco agraciado, lo confirman otros retratos como el de Juan van der
Hamen que figura en el primero de los tres
volúmenes del Códice Chacón,
(Biblioteca Nacional), dedicado al Conde Duque de Olivares y que son la base de todas las ediciones posteriores de las
obras de Góngora. Del Conde Duque de Olivares se muestra un óleo sobre papel,
obra de Velázquez, (Patrimonio Nacional).
2 “Aquel que tiene de escribir la
llave”: El triunfo de Góngora en el siglo XVII
Fue Cervantes quien dijo de
Góngora que tenía la “llave de la poesía” y en efecto, la fama e influencia de la obra de Góngora, más de
cuatrocientas composiciones, se expandirá por Europa y América, hasta el siglo
XVIII. En aquellos siglos las obras de los autores eran conocidas, tanto por la
trasmisión manuscrita como la imprenta.
Manuscritos de las obras de Góngora hay muchos expuestos, Alba, Iriarte, Llaguno (con grabado)… así como ejemplares de antiguas ediciones de
sus obras.
Góngora tuvo pronto seguidores,
imitadores y apologistas de su obra en España, Portugal y América. Entre ellos
Castillo Solorzano, Villamediana, Soto de Rojas, Manuel de Melo. Quevedo y Lope
que mantuvieron con él agrias polémicas, envidiaron su originalidad y la
perfección de sus versos. De estos dos grandes, se muestran sendos retratos: el
de Quevedo, es el clásico del Instituto de Valencia de Don Juan y el de Lope
procede de la Fundación Lázaro Galdiano. Hay mas retratos, de Pellicer (obra de
Carreño) y de Pedro de Valencia (con quevedos).
3. Motivos cotidianos. Poemas estelares. Mitos inagotables. Sugerencias de
la forma, la línea y el color.
Una característica de la poesía
de Góngora es la mezcla de lo culto con lo popular. Son motivos inspiradores lo
pastoril, la cinegética y la música. Sobre todo es Góngora un poeta musical. En
la exposición se muestra un espléndido “Joven
tocando la tiorba” de Jan Gerrit von Bronchorst del Museo
Thyssen-Bornemisza y diversas piezas de colección de instrumentos musicales: guitarras,
bandurrias, un espléndido salterio, castañuelas, archilaúd…
Las grandes composiciones
gongorinas (Soledades, Polifemo y Galatea, Píramo y Tisbe) están evocadas en la
exposición mediante grandes cuadros (el que mas me gusta es el de Acis y
Galatea de Charles de Fosse, del Museo del Prado), grabados y un tapiz con
escenas de cetrería, muy bonito, de la colección Carmen Thyssen Bornemisza.
4. La galaxia de Góngora en el siglo XX.
La generación del 27 (Falla, Federico, Gerardo Diego, Dámaso
Alonso, Alberti, Guillén, Salinas, Cernuda etc) fue entusiasta de Góngora,
cuyos actos homenaje en el Ateneo de Sevilla organizaron al cumplirse el tercer
centenario de su muerte (16 y 17 de diciembre de 1927), así como fueron
responsable o promotores de la publicación de numerosas antologías y estudios
críticos, que se muestran en la exposición. Los poetas del 27, algunos de cuyos retratos
se exhiben, buscaban la perfección
técnica y la pureza poética que veían reflejadas en el poeta de Córdoba. La
proyección dela figura y de la obra de Góngora se adentra en el siglo XX con composiciones alusivas al poeta de
Vázquez Diaz, Vaquero Turcios, Gordillo, Subirachs, Equipo Crónica y llega hasta el mundo contemporáneo (Gimferrer)
de tal modo que Harold Bloom, “el sublime
pope de la literatura y majestad de la crítica literaria”[4],
dice de él que es “el gran poeta español”
lo que equivale a preferirle a cualquier otro.
Hemos dejado para el final el
comentario sobre el hallazgo reciente en la sección de la Inquisición de
Córdoba en el Archivo Histórico Nacional por la hispanista Amelia de Paz de un
manuscrito gongorino desconocido. Se trata de cinco páginas manuscritas
escritas a doble cara en las que Góngora
acusa a un antiguo amigo, el disoluto inquisidor Alonso Giménez de Reynoso
quien estaba amancebado con María de Lara a la que llevaba de ciudad en ciudad
allá donde iba destinado, una relación muy pública y escandalosa, según
Góngora. La historia y las expresiones que usa Góngora, a la sazón de 36 años
de edad, en su escrito de acusación son
divertidas, aunque al denunciado seguramente no le harían ninguna gracia (eso
de ser un chivato es cosa fea) .
No se, ciertamente, si Góngora es, como dice Joaquín Roses, el
comisario de la exposición (catalogo de precio imposible, 40€), si Góngora, “un adelantado a su tiempo” es “hoy por hoy, el mas actual de nuestros
poetas clásicos”[5],
“un modelo para todo creador
consciente delo que lo que nos define
como humanos está radicalmente unido al lenguaje y la belleza”.
Personalmente, quizás debido al prejuicio de haberlo leído en edad temprana, he
preferido los claros y rotundos sonetos de Quevedo y Lope a las abstrusas
fábulas gongorinas, pero estoy dispuesto a rectificar mi juicio, si me convenzo
de lo contrario, leyendo o releyendo su obra poética. Quizás esta sea la
lección más provechosa que haya sacado
de esta magnífica exposición cuya visita recomiendo mis lectores.
© Manuel Martínez Bargueño
Junio 2012
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Gracias. Manuelblas
NOTAS
[2]
Juan e Isabel Millé, “Obras completas de
don Luis de Góngora y Argote”1932, pág. XVIII.
[3]
El retrato fue propiedad del Marques de Vega Inclán a comienzos del siglo XX.
En 1931 estaba en Thomas Harris Ltd, de Londres. En el Museo de Boston desde
1932.
[4] El
Cultural de El Mundo, 26 de enero de 2012.
[5] Joaquín
Roses “Un adelantado a su tiempo”. El País, 30 de mayo de 2012.








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