A quienes caminen sin prisa por la calle Eloy Gonzalo 3 y 5, cerca de la castiza glorieta de Quevedo, no les puede pasar desapercibido este emblemático recinto conocido desde siempre por los vecinos del barrio de Chamberí como el Hospital Homeopático o, mas sencillamente, el Homeopático, toda una institución en la vida madrileña, afortunadamente restaurada en 2009, después de años de decadencia y postración.
Con total desconocimiento de lo
que ha significado la Homeopatía en la Historia de la Medicina, ausente de
prejuicios y ansioso de información, me he apuntado a una visita guiada
(información. Teléfono 914466076), de una hora y media de duración, mas o
menos, siendo agregado, “solo entre todas las mujeres”, a un grupo de
simpáticas señoras, puntuales en la cita e interesadas en las explicaciones.
Nos recibe Félix Antón Cortés,
patrono y secretario de la Fundación Instituto Homeopático y Hospital de San José, persona
culta y amable que lo sabe todo de esta institución. Con base en lo que nos
cuenta y en lo que he leído en la página web del Hospital http://www.hospitalhomeopatico.es
resumo a continuación la historia de este centro[1].
Historia
El Hospital Homeopático es
creación de un grupo de médicos madrileños seguidores del sistema de Samuel
Hahnemann (1755-1843)[2],
el fundador de la Homeopatía. Esta ciencia (pseudo ciencia, según Wikipedia) se
basa, según creo entender, en utilizar los efectos terapéuticos de las
sustancias tóxicas suministrándolas al enfermo en muy pequeñas dosis para
estimular sus defensas, dicho mas técnicamente, “los síntomas de una enfermedad pueden tratarse empleando, a dosis
bajas, drogas que en el hombre sano
provocan signos parecidos” (ley de la similitud).
La primera noticia de la Homeopatía
en España es de 1821 y las primeras aplicaciones de este método terapéutico se
realizan en Badajoz en 1830 por Prudencio Querol. El primer periódico homeopático, los "Archivos Homeopáticos", se publica en Cádiz en 1835; el segundo "El Monitor Medico-Qurúrgico" se publica en Madrid en 1837 y el tercero "Archivos de la Medicina Homeopática”, el que alcanza mayor difusión, lo edita, en 1840, Pedro Rino en Badajoz. Estas publicaciones y las que les seguirán como la “Gaceta Homeopática” sirven como medio para crear
escuela y aunar contactos entre aquellos primeros médicos del periodo histórico
de la Homeopatía española. El más importante de todos ellos, sin minusvalorar a
los otros, fue el doctor José Núñez
Pernía (1805-1879)[3], el gran
propagandista de la Homeopatía, a cuya
iniciativa se debió la creación de la Sociedad Hahnemanniana Matritense,
autorizada por Real Orden de 23 de abril de 1846.
Volviendo al principio, el grupo de médicos a que antes nos hemos
referido, estaba disconforme con la práctica de la medicina convencional que se
llevaba a cabo en la época tales como sangrar a los enfermos, aplicarles
remedios cruentos, y por lo demás inútiles, para tratar las enfermedades (Una
descripción de estas prácticas médicas pude hallarse en el libro de Manuel
Usandizaga Soraluce “Historia del Real
Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid 1787-1828”). Su actuación, al
crear el primer hospital homeopático que hubo en España, en 1872, fue la
respuesta que dieron al bloqueo por parte del Gobernador Civil de Madrid a dos
Reales Órdenes de 1850 y 1865 que permitían la creación de una clínica y
cátedra homeopática universitaria con carácter experimental.
Para erigir el hospital se acudió
a una suscripción internacional popular, aunque las dos terceras partes del
coste de las obras fueron sufragadas por el Dr. Núñez Pernía, desde 1864, marqués
de Núñez. La elección del arquitecto no pudo ser más afortunada pues la
dirección de las obras recayó en José Segundo de Lema (1823-1891)[4]
que era arquitecto mayor de Palacio. Las obras, sobre una superficie de 3.835
metros cuadrados, dieron comienzo el 26 de mayo de 1872 y terminaron el 2 de febrero
de 1878. En 1878 el doctor Nuñez Pernía constituyó la Fundación Instituto
Homeopático y Hospital de San José, a la que
incorporó, no sin polémica con los colegas de la Sociedad, el hospital
recién construido en la que entonces se llamaba calle de la Habana (luego Eloy
Gonzalo)
El hospital, al que las gentes
conocían como “hospitalillo de la Habana”, tenía capacidad para acoger 50 enfermos (unos 500 anuales) y sostenia un
acreditado consultorio homeopático con más de 75.000 consultas anuales, siendo
muy popular en Madrid. Su periodo más glorioso se extiende desde finales del siglo XIX hasta la guerra civil nota nueva . En 1892 la Fundación
es clasificada por Real Orden como de beneficencia particular. Durante el periodo citado se atienden en el Consultorio Benéfico-Asistencial entre 15.000/25.000 consultas anuales.
En 1926 están documentadas obras
de reconstrucción y modernización del Consultorio homeopático (instalación de
la calefacción y arreglos).
En 1929 se celebra un Congreso
Homeopático Nacional del que dan cuenta periódicos y revistas de la época.
Durante la contienda fratricida,
el hospital se convierte en banco de sangre y posteriormente, con la victoria
de Franco, en acuartelamiento de una bandera de Falange y de las tropas moras.
La mayoría de los médicos homeópatas se exiliaron.
La atención asistencial a los
enfermos durante diez años (de 1878 a 1888) estuvo a cargo de las Siervas de
María (cuya fundadora era santa Soledad Torres Acosta) y, desde esa última
fecha, de las Hijas de la Caridad. El consultorio continuó la asistencia los
pacientes hasta 1979.
A partir de 1970 se irá
orientando a una labor de residencia que, con una actividad reducida, durará
hasta 2007.
En 1977 el Hospital se incluye en
el catálogo de edificios y conjuntos de
Madrid como “elemento de carácter singular”.
En 1996 se celebra el 150
aniversario de la Sociedad Hahnemanniana
Matritense, con una exposición sobe su historia, iniciándose una etapa de
recuperación de la documentación (memoria histórica) con la colaboración de las
familias de los médicos.
En 1997 el Instituto Homeopático
y Hospital de San José fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría
de monumento.
En 1999 se pone en marcha el plan
director para la reforma del centenario hospital que culmina en 2008. La restauración,
financiada por la Comunidad de Madrid con la colaboración de la Fundación Caja
Madrid, estuvo a cargo de los arquitectos Ignacio de las Casas y Emilia Checa.
La inversión ha sido de unos tres millones de euros.
La mayor parte de las instalaciones
está ocupada actualmente por la Universidad de Alcalá, en virtud del convenio
de colaboración suscrito entre la Fundación y la citada Universidad. La Fundación realiza exclusivamente
actividades de formación médica en Homeopatía, Acupuntura y Medicina y mantiene un consultorio médico especializado
en Homeopatía, Acupuntura, Fisioterapia y Medicinas no convencionales. También
se celebra allí un Master en Medicinas emergentes, en colaboración con el
Colegio Oficial de Farmacéuticos y otras entidades.
El 10 de enero de 2010 reabre el
hospital y está pendiente el plan director para la rehabilitación del segundo
edificio de marques de los Salados.
Visita
Las explicaciones, sobrias pero
suficientes, de nuestro amable anfitrión tienen lugar en espacio que ocupó la
anterior capilla del hospital que conserva su entarimado y vidrieras
originales. El retablo neogótico de la cabecera parece que ha sido donado a la
Universidad de Alcalá. La única modificación es la adición al muro de un largo
friso que corre en rededor de toda la estancia y en que se han pintado los nombres de todas aquellas
personas que a lo largo de la historia de la Homeopatía española, anterior aún
a la del propio hospital, destacaron por
su práctica profesional o por facilitar su ayuda. Entre estos “homeópatas
históricos” o benefactores de la institución, anoto los nombres de Vicente
Querol, José Núñez Pernía, José Segundo de Lema Hipólito Rodríguez Pinilla,
primer catedrático de Hidrología Médica de la Universidad Central, Francisco de
Castro y Pascual, primer catedrático de Microbiología, Gastón de Iriarte, Risueño
de Amador, Francisco de Beniatúa, Pedro de Arostegui, visitador médico del Hospital y autor de la primera tesis doctoral sobre homeopatía en 1850, Anastasio García
López, que pronunció la lección inaugural de las actividades académicas del Instituto en 1878, autor, además de numerosos estudios, de una interesante novela “homeopática”, escrita con pseudónimo “La magia del siglo XIX", Tomás Pellicer Frutos, el mejor discípulo y continuador de la obra de
Núñez Pernía, Pedro Rino Hurtado, Manuel Sánchez, Joaquín Núñez
Grimaldos, marqués de los Salados, sin que falte la mención a la reina Isabel
II y a la infanta Isabel la Chata, presidenta de honor de la Junta Protectora
del Instituto. Todos estos nombres ilustres, evidencian que los médicos
homeópatas no fueron unos profesionales frustrados de la Medicina, sino unos
médicos brillantes que cultivaron una especialidad que, contrariamente a lo que
algunos suponen no estuvo nunca prohibida en España, ni siquiera en la época
del dictador Franco.
A la derecha de la capilla,
donde estuvo en su tiempo la sacristía,
se halla instalada la Farmacia Homeopática, que, al decir de los entendidos, es
única en su género, con curiosos preparados y un sin fin de pequeños botecitos
destinados a la práctica de la homeopatía.
Salimos a una de las galerías de
madera bañadas por el sol de la mañana que penetra a través de las cristaleras
(los homeópatas consideraban que la luz era una fuerza maravillosa de salud y
curación). En su tiempo estas galerías debían estar al servicio de los
pacientes convalecientes. En el piso bajo hemos visitado antes, era el punto de
reunión, una sala situada en un extremo, donde estuvo ubicada una de las
enfermerías. Cada una de ellas tenía doce ventanales entre los cuales se
situaban las camas de los enfermos. Por bajo corría un zócalo de azulejos
blancos y azules, que todavía se conservan en parte en los espacios adyacentes.
Salimos al jardín. Mientras las
simpáticas señoras del grupo se hacen unas fotografías, aprovecho para
curiosear. Ante mi tengo un edificio en forma de U cuyos cimientos, estructuras
y cubiertas han sido completamente saneados, luciendo una
amplia gama de colores que realzan su sencilla funcionalidad: “verdes los fraileros y ventanas, marrones
los canecillos, guinda las tapas de las cornisas y rosa los muros”[5].
Delante, sobre alto pedestal, la
estatua de San José y el Niño a la que recuerdo pintada de blanco y que ahora presenta su color
original. Detrás de ella se encuentra, bajo una lápida, el enterramiento del
fundador, el doctor Nuñez Pernía cuyo cuerpo parce que fue embalsamado. Curioso personaje este de quien he leído
semblanzas biográficas en extremo laudatorias a su persona, pero que sospecho
debió tener también sus sombras, como reflejan sus discrepancias con otros
miembros de la Sociedad Hahnemanniana
Matritense o lo cotizado de sus honorarios médicos en la atención de las clases
aristocráticas (vamos que debió hacerse de oro, aparte de ennoblecerse). En una
esquina del jardín, pegado a la verja, ha sido restaurado el cuadro de los últimos médicos que pasaron consulta en
el hospital.
Pasamos a ver el segundo de los
edificios de arquitectura neomudéjar, el llamado palacete del Marqués de los
Salados, obra de Emilio Rodriguez Ayuso (1845-1891), el autor de la Escuelas
Aguirre, construido para residencia del marqués, Joaquin Nuñez Pernía, entre
los años 1878 y 1880. La similitud de apellidos con el fundador del Instituto
merece una explicación que diría el alcalde de Villar del Río. El solar donde
se edificó este palacete fue adquirido por Pedro Nuñez Pernía, hermano del marques de Núñez (José Núñez
Pernía), dos años después de que este falleciera en 1879. Este Pedro Nuñez Pernía era obispo de Coria
y ex senador del Reino por la diócesis de Toledo. A su muerte legó este solar a
otro hermano suyo Joaquin Núñez Pernía, marqués de los Salados, que fue quien
encargó al arquitecto citado la construcción de la vivienda familiar. Todavía
la dinastía de los Nuñez Pernía continua
con los hijos del anterior, José Nuñez Granés, segundo marques de los
Salados, Carlos Nuñez Granés, medico y abogado y Pedro Nuñez Granes “notabilísimo ingeniero y urbanista madrileño
con muy importantes responsabilidades en el Ayuntamiento de Madrid en el primer
tercio del siglo XX”[6].
El Palacete fue adquirido por la Fundación a su propietario el 17 de noviembre
de 1892
El edificio, tal como hoy se
encuentra, un tanto dejado, a la espera de la “mano de nieve” que lo
rehabilite, es todavía una obra interesante, muy poco conocida de los
madrileños, con un notable diseño exterior en ladrillo fino con incrustaciones
de cantería berroqueña en los zócalos, madera en los aleros y una importante
labor de forja en balcones y en el mirador principal (del mismo arquitecto
puede ser la verja exterior del recinto).
En el interior, la pieza más
sobresaliente es su patio central cubierto con un lucernario de estructura
metálica y cristal que proporciona una buena iluminación natural a las
habitaciones.
En este edificio
se ha acoplado el Museo Homeopático, instalado en tres salas, y en cuyas
colecciones se refleja la historia de la Homeopatía, del hospital y la huella
de las personas que allí trabajaron (cuadros, libros, objetos, documentos).
Habría que recorrerlo despacio para apreciar sus detalles, pero no puedo por
menos de referirme a la “joya” pictórica
del Museo, instalada en la galería del
segundo piso del espacio central, que es un cuadro, muy oscuro, con muy poca visibilidad, pendiente de
restauración del “fa presto” Lucas Jordán y que representa "La muerte de San
José".
Este Museo por lo que entiendo,
se ha venido haciendo, en parte con aportaciones de los descendientes de los
médicos homeópatas (uno de ellos es el escritor y académico José Luis Sampedro, emparentado con los Pellicer por su primer matrmonio con Isabel Pellicer Iturrioz, bisnieta del Dr. Tomás Pellicer)
que han cedido o donado cuadros, libros y recuerdos de sus ascendientes.
No me queda mas que decir, amiga/o
, que has aguantado hasta aquí la lectura de esta larga entrada, que, si
tienes algún tiempo libre, gires una visita a este Hospital tan entrañablemente
unido durante mas de un siglo a la vida del barrio. Allí serás afablemente
acogido (la visita es gratuita), amenamente ilustrado y podrás captar otros
matices que, posiblemente, se me hayan escapado o pasado desapercibidos.
© Manuel Martínez Bargueño
Febrero 2011
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Gracias.Manuelblas
NOTAS
[1] Es
interesante también la consulta a la página de la Fundación Instituto
Homeopático y Hospital San José HI http://www.homeoint.org/site/sanjose/index.htm
[2]
Samuel Hahnemann publicó en 1796 su trabajo “Ensayo sobre un nuevo principio para descubrir el poder curativo de las
drogas”.
[3]
José Núñez Pernía nació en Benavente (Zamora) en 1805. Recibió una esmerada
educación, siguiendo estudios eclesiásticos en el seminario de Sahagún y de leyes
en la Universidad de Valladolid. En 1826 es nombrado arcediano de Rivas del Sil
y ordenado de primera tonsura. En 1830
era secretario del cabildo de Astorga donde ejercía también de abogado. Parece
que tuvo veleidades carlistas por lo que emigró a Francia. Allí encauzo su
vocación por la medicina y conoció la obra de Samuel Hahnemann “Materia médica” llegando a dominarla. En
Burdeos, donde trató gratuitamente a numerosos enfermos españoles con la nueva
práctica terapéutica, fue acusado de intrusismo, siendo condenado por un
tribunal, que reconoció la realidad de las curaciones, a pagar dos francos de
multa, por carecer de titulo profesional, pero confiriéndole el título
honorífico de doctor en Medicina con derecho a ejercer en toda Francia. Regresó
a España en 1844, graduándose en la Facultad de Medicina de Madrid y obteniendo
el título de Doctor en Medicina en la Universidad de Barcelona. El 1 de
noviembre de 1845 constituyó, con otros médicos, la Sociedad Hahnemanniana
Matritense, de la que salió elegido
presidente. Impulsó la publicación desde 1846, del "Boletín de la Sociedad
Hahnemannian"a, sustituido cinco años mas tarde por la revista “Anales de la
Medicina Homeopática” y a su vez, remplazada esta, en 1860, por “El criterio
médico”. En las tres publicó artículos doctrinales, presentó casos clínicos de
su propia práctica, discursos y resúmenes de las discusiones habidas en la
Sociedad. En 1864 publicó su experiencia patogénica mas conocida “Estudio médico del veneno de la tarántula
hispánica”. Obtuvo grandes éxitos y honores en Exposiciones y Congresos
Homeopáticos extranjeros (Filadelfia, París, Burdeos) y fue distinguido en
Francia, donde fue autorizado en 1847
para ejercer la medicina, con el diploma de la Legión de Honor. Fue médico
particular de la reina Isabel II y del infante don Sebastián y condecorado con
las órdenes de Carlos III y de la Beneficencia. En 1865 recibió el título de
marqués de Núñez. Fue además senador del Reino. En su testamento legó tres
millones de reales en títulos para que sus rentas se destinasen a sostener el
hospital y el instituto homeopático. Siguiendo su voluntad su cuerpo fue
enterrado en hospital el 10 de noviembre de 1879.
[4]
José Segundo de Lema, discípulo de Viollet le Duc, puede inscribirse en el
estilo ecléctico que une elementos racionalistas con un fondo tradicional
gótico-mudéjar. En Madrid hay varias obras suyas: la Real Fábrica de Tapices,
el palacio Zabalburu, el Real Colegio e Iglesia de Loreto y la decoración
interior de varias estancias en el Palacio Real. En el monasterio de El Escorial fue autor del
panteón de Infantes.
[Nota nueva] "Desde la fundación del Instituto -escribe el cronista de Madrid Pedro de Répide en los años veinte del pasado siglo- hasta la fecha no ha decaido el número de concurrentes a su asistencia por la curación por el procedimiento de la homeopatía. Que desde luego tiene la ventaja de no molestar al enfermo y de ser sencillo, limpio y, por lo menos, inofensivo" (Pedro de Répide "Las calles de Madrid" Afrodisio Aguado, 4ª edición, 1981, pág. 229)
[Nota nueva] "Desde la fundación del Instituto -escribe el cronista de Madrid Pedro de Répide en los años veinte del pasado siglo- hasta la fecha no ha decaido el número de concurrentes a su asistencia por la curación por el procedimiento de la homeopatía. Que desde luego tiene la ventaja de no molestar al enfermo y de ser sencillo, limpio y, por lo menos, inofensivo" (Pedro de Répide "Las calles de Madrid" Afrodisio Aguado, 4ª edición, 1981, pág. 229)
[5] Rafael
Fraguas. “El paciente curado de Chamberí” El País 8 de julio de 2008.
[6] Véase
“Palacete del marques de los Salados” en la página web del hospital.



1 comentarios:
Qué interesante, Manolo, la historia del hospital y qué bien lo cuentas...
Desde luego que habrá que acercarse a hacer una visita!!
Un abrazo
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