Escribo “desventurada” porque, a
grandes rasgos, esta iglesia, ubicada en la calle de Toledo, “bonita y pintoresca donde las haya”, que
dijera Benito Pérez Galdós, ha sufrido a lo largo de su historia grandes pérdidas. Construida
con gran suntuosidad para la Compañía de Jesús, en el siglo XVII, el templo
hubo que ser abandonada por los jesuitas, luego de su expulsión, en tiempos de Carlos
III, para convertirse, reformado su interior, en Colegiata de San Isidro el
Real. Mucho mas tarde, en 1936, fue incendiada por las turbas, perdiendo la
mayor parte de las riquezas artísticas que guardaba y, por último, en 1993, con la consagración de la catedral
de la Almudena, perdió el carácter de catedral provisional de Madrid que tenía
desde 1883. Muchas pérdidas son estas para un solo templo, menos mal que
todavía conserva la momia de San Isidro, que se muestra raramente al pueblo, y
el aprecio de los madrileños por la que fuera su antigua catedral.
A esta castiza iglesia colegiata me
encamino es esta mañana casi de primavera
para visitarla, creo que por primera vez en mi vida, no sin antes
repasar, siguiendo mi costumbre, cual sea su
Historia
Dicen los que saben (o copian de
los que saben) que en este mismo lugar hubo, antes del actual templo, una
pequeña iglesia jesuítica “muy linda al
parecer” (Tormo) dedicada a los
santos Pedro y Pablo, construida, no sin superar muchas dificultades y
obstáculos, por el jesuita Bartolomé Bustamante (1501-1570), el arquitecto del Hospital
Tavera de Toledo, sobre un solar propiedad de la noble portuguesa doña Leonor
Mascarenhas (1503-1584), aya de Felipe II y del príncipe Carlos, muy aficionada
a los jesuitas, que costeó la edificación, a la que también ayudaron los
monarcas, la princesa doña Juana y otros
grandes señores de la Corte. Este templo se inauguró el 25 de enero de 1567 y a
la primera misa asistieron el rey Felipe
II, acompañado de la reina su esposa, la
dulce y gentil Isabel de Valois, su hermanastro
don Juan de Austria y el príncipe Carlos.
A lado de este templo surgió el
Colegio de la Compañía, antecedente inmediato del Colegio Imperial, de gran
prestigio en la enseñanza, pero que queda fuera de nuestro estudio[1].
La segunda construcción se debe a
la munificencia de María de Austria (1528-1603), la emperatriz, hermana de
Felipe II, la cual, al morir en 1603 en el Monasterio de las Descalzas Reales,
dejó gran parte de su fortuna, no sin la oposición de sus hijos, a los jesuitas
“para el acrecentamiento del Colegio, con miras a
influir culturalmente en la misma Alemania católica, ardiente enemiga como
fue Doña María del avance protestante”[2]
El templo, llamado a ser
grandioso, fue comenzado en 1622, el jesuita Pedro Sánchez (1559-1633), quien
trazó las plantas de San Antonio de los
Alemanes y el Noviciado de Madrid, entre
otras muchas iglesias, traído para este efecto desde Andalucía por el
Conde-Duque de Olivares, con la idea de que construye un templo monumental que
dejase pequeñas a todas las iglesias conventuales de Madrid. No se sabe
ciertamente que parte de la obra pude atribuirse a Pedro Sánchez. Según Rodríguez de Ceballos
“Sánchez levantó el templo desde los
cimientos hasta la cornisa de las bóvedas, teniéndosele que atribuir la planta
de única y ancha nave bordeada de capillas como el alzado, de personal y
curiosa articulación de muros y vanos”[3].
A la muerte de Sánchez en 1663 se
hizo cargo de la ejecución el Hermano Francisco Bautista (1594-1679), un arquitecto genial, a la par que un
magnífico ensamblador de retablos, al
que pertenecen probablemente la culminación del alzado, la cúpula y la fachada
de este templo cuyo referente arquitectónico fue la iglesia del Gesú en Roma,
obra cumbre de Jacopo Vignola (1507-1573) y modelo para los edificios “sanos, fuertes
y útiles” de las iglesias jesuíticas de todo el mundo.
Al Hermano Bautista, que debió
estar dotado de una gran imaginación creativa, se le deben innovaciones trascendentales
en el barroco madrileño, como la gran cúpula encamonada, tan alabada por Fray Lorenzo de San Nicolás, siendo esta la
primera que se construyó en Madrid y el capitel de sexto orden o del Hermano
Bautista, dórico con hojas de acanto corintias.
El templo, dedicado a San Francisco Javier, fue consagrado en 1661, el día de San Ignacio,
por el nuncio Julio Rospigliosi (futuro papa Clemente IX).
La expulsión de los jesuitas en
1767, produjo importantes cambios. El edificio, nos cuenta Tormo, se dividió en
tres partes: una, para viviendas; otra, para trasformar el colegio –cuyos estudios se inauguraron en 1625- en “Los Estudios
Reales de San Isidro”[4] “de
brillante historia, con cátedras de
Ciencias y Letras, base de las actuales facultades” y la tercera parte, la
iglesia, convertida en Colegiata, se dedicó a San Isidro, trasladándose
a ella en 1769 el cuerpo de San isidro (antes en
la iglesia de San Andrés) y el de María de la Cabeza (antes en el Ayuntamiento)
y, colocando ambos en el altar mayor. En la ya denominada Colegiata de San
Isidro el Real iglesia se realizaron obras “de
adaptación” trazadas por Ventura Rodríguez (1717-1785) quien proyectó un
nuevo presbiterio y el retablo del altar mayor, además de una nueva decoración.
Hoy no podemos conocerla sino a través de grabados antiguos.
José Bonaparte, el rey intruso,
eligió este templo para las ceremonias religiosas oficiales y con Fernando VII
-salvo durante el paréntesis del Trienio Constitucional- volvieron los jesuitas
a la iglesia y al colegio.
El 17 de julio de 1834 tiene
lugar la matanza de frailes, en la que fueron muertos por las turbas ochenta
religiosos, quince de ellos jesuitas, sospechosos de haber envenenado las aguas
(en el Colegio Imperial hubo 14 muertos y 5 heridos). Pérez Galdós pinto estas
escenas con vivos colores en el Episodio Nacional “Un faccioso mas y algunos frailes menos”. En 1835 se decretó la
supresión de la Compañía de Jesús.
En 1885, al crearse la Diócesis
de Madrid-Alcalá, la Colegiata de San Isidro se convirtió en catedral
“provisional”´.
En 1886, tuvo lugar en las gradas
de acceso al templo, un trágico suceso: durante el Domingo de Ramos, un sacerdote demente, el cura Galeote, quejoso porque le habían quitado unas misas, mató
de tres tiros por la espalda al obispo de Madrid, Narciso Martínez-Vallejo Izquierdo. El asesino fue internado en el manicomio
de Leganés donde murió de viejo en 1922.
En 1936, la iglesia “fue asaltada, después de la sublevación de
Franco por las turbas que incendiaron el templo, destruyendo su riqueza
artística, salvándose solo parte de la zona de la Epístola para evitar que el
fuego pasase al vecino Instituto de San Isidro[5];
“el incendio de esta iglesia en 1936 acarreó “la más lamentable de las pérdidas artísticas sufridas por Madrid en
aquellos aciagos años”. El fuego destruyó todas las capillas, con sus retablos,
pinturas y esculturas, salvo las colindantes con el vecino Instituto de San
Isidro”[6]. El
fuego también provocó el hundimiento de la cúpula.
De lo poco que se salvó, aunque
con daños, hemos de mencionar, el Cristo crucificado de Juan de Mesa
(1583-1624, actualmente en la catedral de la Almudena, aunque en el incendio
perecieron las figuras que se agrupaban a sus pies que representaban a la Virgen, San Juan y la Magdalena, obras de
Pedro de Mena (1628-1688). De esta y de algunas otras obras de arte
desaparecidas, como la pintura de Lucas Jordán “San Francisco bautizando” y la talla de la Inmaculada, de la
escuela granadina, atribuida a José de Mora (1642-1724) existen testimonios
fotográficos anteriores procedentes del Archivo Moreno[7].
Fue rehecha por el arquitecto Javier
Barroso Sánchez-Guerra (1903-1990)[8]
“con ligeras alteraciones que no la
favorecen”, según María Elena Gómez Moreno. El arquitecto aprovechó el
tiempo del largo proceso restaurador en la fachada principal, desde 1943 a
1953, para concluir el remate de las inacabadas torres, cubriéndolas por sendas
cupulillas que sustituyeron a los viejos tejados[9].
El interior se completó con obras modernas y otras antiguas de diversas
procedencias.
Queda únicamente decir para acabar
la historia de este templo que en 1993 “pasó el testigo catedralicio” a Nuestra
Señora la Real de la Almudena consagrada como nueva catedral de Madrid por el
papa Juan Pablo II el 15 de junio de 1993.
Una nota última. En 1995, por
Decreto del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, a propuesta de la Consejería de Educación y Cultura, la iglesia
de San Isidro (antigua catedral) es declarada Bien de Interés Cultural, con categoría
de Monumento (B.O.C.M. de 17de abril de 1995).
Conocida cual es su historia
estamos dispuestos a iniciar la visita al templo
Exterior
Exterior
Escribe Bonet Correa que “en la arquitectura religiosa madrileña el
elemento mas característico es la
fachada de la iglesia”[10].
La fachada principal de esta colegiata que da a la calle de Toledo es
sencillamente monumental con las grandes columnas que la enmarcan y solo es de
lamentar su difícil perspectiva.
Construida toda ella en piedra
berroqueña, responde aun tipo muy madrileño que es la fachada entre dos torres
que en este caso están rematadas por cúpulas, que sustituyen a los primitivos
tejados a dos aguas, apreciables en antiguas fotografías.
El pórtico queda acceso al templo
se asienta sobre escalinata y está dividido en tres grandes puertas, más alta
la central que las laterales. Son apreciables las rejas antiguas, del siglo
XVII, con el escudo imperial de María de Austria.
En el segundo cuerpo, en una hornacina
se alojan las esculturas en piedra de San Isidro y Santa María de la Cabeza, de
Juan Pascual de Mena, aunque rehechas después de 1936.
Interior
Trasponemos el amplio zaguán de
entrada para llegar al templo (hay entrada lateral al crucero, por la calle
Colegiata). Un cartel, repetido en el interior, nos indica que esta prohibido
tomar fotografías y utilizar los teléfonos móviles, aunque dentro no hay nadie que
vele por la observancia de este mandato.
La primera impresión que se tiene
al entrar, al menos a esta hora de la mañana, son las 11 horas, es la de una imponente
monumentalidad sumida en la penumbra. La planta del templo es de cruz latina y
de una sola nave, con capillas independientes, unas mas grandes que otras, pero
comunicadas entre si interiormente. Por encima de las capillas discurre una
especie de triforio alto formado por tribunas y galerías (en origen,
habitaciones de los jesuitas). Las capillas están separadas por medio de
pilastras, con capiteles corintios del sexto orden del Hermano Bautista, de
magnifico impacto visual. Es evidente que la arquitectura del templo es
superior a sus mermadas riquezas artísticas.
Nos dirigimos al presbiterio para
contemplar el retablo central. El primitivo retablo que tenía la iglesia fue reformado por Ventura Rodríguez entre 1767 y 1769, después de la expulsión de
los jesuitas, “respetando todas las masas
y elementos de la construcción del hermano Bautista”, pero cambiando toda
la decoración, “sin respetar el decorado
de una sola moldura” (Tormo). Al parecer lo mas notable que este primitivo
retablo contenía eran las esculturas de los diez santos labradores, obra de
Manuel Pereira “el mejor escultor de Madrid bajo Felipe IV”, aprovechadas por
Ventura Rodríguez, aun pintándolas de blanco. Todo este retablo se perdió en
1936.
Misa mayor en la catedral. Muñoz Morillejo 1921
El actual retablo, muy oscuro y cubierto de polvo, es obra del artista polifacético turolense José Lapayese Bruna (1899-1982), que trabajó en las decoraciones del Valle de los Caídos, mientras que las esculturas, inspiradas en los anteriores modelos son de José Luis Vicent Llorente (1926-2003). Lo mas importante del conjunto, que deja bastante que desear si lo comparamos con sus perdidos antecedentes, es el cuerpo central en el que aparece San isidro, rodeado de ángeles, teniendo debajo las arcas que contiene el cuerpo momificado del santo madrileño nota nueva en urna de plata, regalo de Marianade Noeburgo y los restos de su esposa María de la Cabeza. Los demás elementos hacen añorar el anterior retablo cuya magnificencia podemos conocer de lejos por los grabados y pinturas antiguos.
Elevamos la vista para contemplar
la cúpula que sustituye a la primitiva cúpula encamonada del hermano Bautista
hundida en 1936. La nueva fue levantada por Javier Barroso, siguiendo el modelo
de la anterior.
En el pavimento, ante el altar
mayor, hay varias lápidas de obispos de Madrid. La mas visible es la del
cardenal Vicente Enrique y Tarancón (1907-1994) aquí sepultado junto a sus
predecesores en el obispado de Madrid,
los arzobispos Eijo y Garay y Casimiro Morcillo.
Recorrido.
El recorrido lo vamos a hacer de
forma canónica empezando desde los pies del templo, por el lado de la Epístola.
Nos fijamos solo en aquellos que mas nos llama la atención, remitiéndo para una
descripción detallista de las capillas al libro “Iglesias de Madrid”, prácticamente el único que contiene datos
actualizados[11]
La primera capilla esta dedicada
a Nuestra Señora de los Reyes, patrona de la diócesis de Sevilla y no contiene
en lo artístico, a mi juicio, cosa alguna de interés. El retablo que alberga la
imagen está precedido por dos santos muy solicitados en este tiempo de
tribulaciones San Pancracio, abogado de la salud y el trabajo y de San Expedito,
intercesor de casos imposibles, ambos en dura competencia celestial con San
Judas Tadeo, patrón del trabajo y de las causas imposibles.
La segunda capilla es la de Nuestra
Señora de la Esperanza Macarena que acoge
a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús
del Gran Poder y de María Santísima de
la Esperanza, creada en los años 40 del pasado siglo. La talla es del prolífico
imaginero Antonio Eslava Rubio
(1909-1983), autor de multitud de obras para la Semana Santa.
La siguiente capilla es, sin
duda, la más interesante del templo, salvada “milagrosamente” del incendio.
Está dedicada ahora a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder (antes lo estaba al Cristo
de la Buena Muerte, talla de Juan de Mesa y Velasco (1583 -1627) trasladada a
la Almudena). Lo más bello de esta capilla, cubierta con cúpula encamonada, es
su rica decoración, con obras Claudio Coello, quien trabajó mucho como
fresquista en esta colegiata, en las pechinas, (grisallas de los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) en los gallones de la cúpula (ángeles
pasionarios) y el remate con el Espíritu Santo en la linterna. En los laterales
pinturas al fresco con ángeles y adornos realizados por el boloñés Dionisio Mantuano,
“el mejor fresquista de los reinos
hispanos”, seguidor de Mitelli y Colonna, del mayor interés (siglo XVII).
El retablo, formado por grandes columnas salomónicas, ricamente decoradas, con
un relieve del Padre Eterno bendiciendo en la parte superior, lo considera
Tormo obra de un seguidor del Hermano Bautista “algo mas barroco que el maestro”.
Para colmo, en ambas paredes laterales hay dos dos soberbios lienzos de Francisco Rizzi
(1614-1685), uno de los mejores representantes del barroco madrileño, “Cristo ante Caifás”, a la derecha, y “Jesús camino del Calvario”, a la izquierda
(“Ecce Homo” y “Nazareno”, según Tormo). De Francisco Rizzi es también el óvalo “Las lágrimas de San Pedro” o “San Pedro penitente” (Tormo), que
aparece sobre una puerta lateral. El resto de imágenes carece de interés.
La siguiente capilla está dedicada
a San José. Es muy pequeña, casi angosta y tiene en el retablo, barroco,
del XVII, dos pinturas de Herrera el
Mozo que representan a San Antón y a San Antonio de Padua. Todos los laterales
de la capilla están llenos de lienzos de los pintores de Cámara, Pablo Pernícharo
y Benavente (1705-1760), natural de
Zaragoza y Juan Bautista Peña (1710-1773). Del mismo siglo XVIII son la talla
del titular y la pintura de la Virgen con el Niño en el ático del retablo.
Continuamos. La siguiente capilla
se denomina ahora de las Dos Trinidades (antes se llamaba de la Sagrada
Familia) y tiene cosas interesantes, empezando por el retablo, obra magnífica
de Sebastián Herrera Barnuevo, escultor, arquitecto y pintor, discípulo de
Alonso Cano (aunque algunos creen que es del Hermano Bautista). Del mismo
Herrera Barnuevo son las pinturas de santos
de los estilobatos y de la predela. En el centro, valioso cuadro de la
Sagrada Familia, también de Herrera Barnuevo “la mejor obra del artista”,
según Tormo. En la parte superior “aparece”
la pintura (que se da por perdida en Wikipedia) “del pintor clérigo” Diego
González de la Vega (1628-1697)” con el martirio de los jesuitas del Japón, San
Pablo Miki y compañeros crucificados en Nagasaki a finales del siglo XVII. Se
cubre esta capilla con una decoración pictórica exquisita que bien pudiera ser
del ya citado Dionisio Mantuano.
En el crucero, lado de la
Epístola, no hay nada digno de mención, salvo la imagen de Nuestra Señora de la
Fuensanta, patrona de la Región de Murcia que ocupa el lugar donde antes estuvo
la Virgen de la Almudena. En el rincón
está la sacristía espaciosa pero sin obras de arte. En la pieza anterior, la antesacristía,
una lápida recuerda al último cabildo, desde el 25 de julio de 1985 al 15 de junio
de 1993.
Pasamos al lado del Evangelio. En
un extremo, quizás un añadido posterior a la primitiva fábrica, se halla la Capilla
de San Isidro de Naturales, de planta ovalada, resguardada por una verja. En el
fondo se vislumbra un interesante altar barroco, con una talla de la Inmaculada
Concepción en su centro.
La siguiente capilla es la dedicada
a San Francisco de Borja y tiene un retablo acodado similar al de Fuente el Saz
de Jarama, de José de la Torre y Francisco Rizzi, que no conozco. La pintura,
magnifica, de la conversión del duque de Gandía, es también de Francisco Rizzi.
Antes de proseguir, echemos una
mirada al púlpito marmóreo, diseñado por el hermano Bautista y que Tormo
considera obra maestra.
La capilla de la Virgen del Carmen
no tiene mas interés que el haber sido reparada “por la caridad de los
británicos” cuyo escudo patrio campea en el ático del moderno retablo. Tampoco tiene nada de ver la capilla de Santa Rita de
Casia.
Más curiosa es la capilla de
Nuestra Señora del Buen Consejo que es como “una pequeña iglesia dentro de
otra”. Tiene planta de cruz latina, con tribunas en los laterales y cúpula
sobre pechinas en el crucero. Es la más grande y hace el papel de parroquia,
pila bautismal incluida. Su diseño es de Sebastián Herrera Barnuevo.
Poco interesante tiene la capilla
de San Antonio de Padua. En el machón que separa esta capilla de la siguiente, hay
una lápida marmórea, fechada en 1622, dedicada por J. Rospigliosi a su sobrino
Jerónimo, imposible de leer debido la oscuridad.
La última es la capilla de los
Santos Cosme y Damián, con una buena reja
de cierre del siglo XVII y retablo barroco (siglo XVII) en el interior.
En la pared no pasa desapercibida, por su gran tamaño, el Santo Cristo de las
Siete Palabras obra contemporánea del imaginero sevillano Manuel Ramos Corona.
Creo, después de girada la visita,
que la Colegiata de San Isidro es, en verdad, uno de los más hermosos edificios
del barroco madrileño, que debería estar mejor cuidado y dispuesto para ser visitado.
Es penoso que no haya ni un solo rótulo, ni una mínima hoja informativa (aunque si muchos
“cepillos”) relativa a un templo, construido “a lo grande” para iglesia de la
Compañía de Jesús y que fue catedral de Madrid. Este poco interés por enseñar
las cosas es algo que vengo observando en no pocas iglesias madrileñas (con
notables excepciones) y que sorprende desagradablemente al visitante.
© Manuel Martínez Bargueño
Febrero 2011
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Gracias. Manuelblas
NOTAS
[1]
Sobre el Colegio Imperial puede consultarse la obra de José Simón Díaz
“Historia del Colegio Imperial de Madrid (del estudio de la villa al Instituto
de San isidro, años 1346-1955)". Consejo Superior de Investigaciones
Científicas. Instituto de Estudios Madrileños
1952.
[2]
Elías Tormo “Las iglesias de Madrid”. Reedición de los dos fascículos
publicados en 1927. Prólogo del marqués de Lozoya. Notas de María Elena Gómez
Moreno. Instituto de España, 1972, pág.107.
[3] Alfonso
Rodríguez G. de Ceballos. “La arquitectura
de los jesuitas” Edilupa ediciones S.L. 2002, pág.99.
[4]
A partir del curso 1844-45 quedó de Instituto de Segunda Enseñanza, con la
denominación de San Isidro.
[5]
Pedro F. García Gutiérrez y Agustín F. Martínez Carbajo “Antiguas Iglesias de
Madrid” Ediciones La Librería, págs. 60-61.
[6] María
Elena Gómez Moreno en Tormo ,ob. cit. pág.118.
[7]
Eduardo Segovia y Teresa Zaragoza. “Los
Moreno. Fotógrafos de Arte”. Ministerio de Cultura. Instituto del
Patrimonio Histórico Español. 2005, págs.130-133.
[8]
Javier Barroso fue además futbolista y presidente del Atlético de Madrid, como
recordarán los viejos aficionados “colchoneros".
[9]
“Se sustituyó el granito original del zócalo por aplacado de granito y se
sustituyó gran parte de elementos como dinteles, jambas, entablamentos, peldaños,
basas de columnas y peanas” (“Las piedras
utilizadas en la construcción de los bienes de interés cultural en la Comunidad
de Madrid anteriores al siglo XIX” Instituto Geológico y Minero de España
2005 (consulta en Internet).
[10]
Antonio Bonet Correa “Iglesias madrileñas del siglo XVII”. Consejo Superior de
Investigaciones Científicas. Instituto “Diego Velázquez”, segunda edición,
Madrid, 1984, pág.15.
Nota Nueva. Según he leido hay una teoría que considera a San Isidro, muerto en torno a 1172, como musulmán hasta su conversión. La última vez que se abrió el sarcófago fue en 1982
Nota Nueva. Según he leido hay una teoría que considera a San Isidro, muerto en torno a 1172, como musulmán hasta su conversión. La última vez que se abrió el sarcófago fue en 1982
[11] Me comentan en la sacristía que uno de los sacerdotes de la Colegiata tiene escrita una descripción, que no me pueden facilitar por estar agotada, pero que sigue la del libro antes citado.



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