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sábado, 16 de abril de 2011

Palacio de Cibeles










Después de seis años de obras de rehabilitación y 124,5 millones de euros gastados (cifras que el Ayuntamiento omite en el periódico bilingüe que reparte gratuitamente a los visitantes), el Palacio de Cibeles, anterior Palacio de Comunicaciones ha vuelto a abrir sus puertas al público como futuro “nuevo espacio para vivir la ciudad”, “innovador centro cultural”, “centro de información del sigo XXI” y “foro dedicado a la reflexión colectiva y a la divulgación social sobre la vida y la dinámica urbana”.


Movido mas por la curiosidad que por tan pedante palabrería, me decido a girar una visita al centenario edifico en esta mañana abrileña, aprovechando la invitación cursada a los ciudadanos en las “Jornadas de Puertas Abiertas1


Comienzo la visita, subiendo la monumental escalera, por el antiguo patio de operaciones, rebautizado como “espacio de atención e información cultural” y en el que todavía “batallan” un pequeño ejército de vigilantes, limpiadores, informadores y personal vario y sin clasificar. Es de notar la presencia de visitantes, en su mayor parte jubilados, solos, en parejas o en bandadas, especialmente copiosa en la cola que forman ante el mostrador donde reparten los tiques para acceder a la torre.


La rehabilitación, llevada a cabo por el equipo de arquitectos autores del proyecto ganador del concurso, ha conservado y saneado, afortunadamente, el amplio espacio del anterior patio de operaciones obteniendo una mayor iluminación. También se han conservado los antiguos escritorios. De inmediato elevamos la vista hacia la magnífica cristalera que cubre el hall central y que permite apreciar las dimensiones, diafanidad y pulcritud de este grandioso espacio.



En este patio, la dependencia mas importante del edificio, se ha montado una exposición, “comisariada por el estudio Arquimática” sobre la historia del Palacio y que es, junto con la vista panorámica desde la torre, lo que mas me ha interesado. Después de efectuada la visita, he consultado otras fuentes, con cuya ayuda y la información que facilitan los paneles luminosos de la exposición, esbozo esta brevísima historia del edificio:


Cuenta el Conde de Polentinos (1946) 2 que donde hoy se yergue el actual Palacio de Cibeles, hubo, a finales del siglo XIX, unos jardines, “lugar de esparcimiento y diversión del vecindario madrileño con enverjados y puertas de hierro y paredones de ladrillo”. En estos jardines se celebraban exposiciones florales y, como anécdota se dice que en ellos estuvieron alojados durante todo un invierno en sus curiosas habitaciones, una tribu de esquimales y otra de salvajes de África que fueron muy visitadas por el público. También había en su interior un tobogán o montaña rusa “muy favorecida por la juventud”.


En 1904 una ley autorizó la reversión al Estado de estos terrenos, que hasta entonces estaban arrendados al Ayuntamiento, con el fin de construir un edificio para la Dirección general y Administraciones centrales de Correos y telégrafos. Convocado el oportuno concurso, resulto ganador (1905) el proyecto presentado por los jóvenes arquitectos Joaquín Ochamendi Machimbarrena y Antonio Palacios Ramilo, quedando en segundo lugar el presentado por otra pareja de arquitectos Jesús Carrasco Encina y Joaquín Saldaña López.


El dia 12 de septiembre de 1907 se colocó la primera piedra del edificio cuyas obras quedaron terminadas en 1918. Palacios, con la ayuda de Otamendi, intento conciliar la funcionalidad propia de un establecimiento comercial con el aspecto severo del los edificios públicos. El resultado, segun algunos, fue una mole de grandes dimensiones “torreada de requesón y merengue3, en un llamado estilo Renacimiento español, que el pueblo madrileño, con su habitual gracejo bautizó en seguida como Nuestra Señora de las Comunicaciones.


Con mas garbo literario y no mejor intención, el escritor Ramón Gómez de la Serna saludó así a la nueva catedral madrileña: “Con este edificio llegan a Madrid oficialmente las arquitecturas inauditas, ni para Dios ni para la aristocracia pura de antes, sino un poco para el comunismo y señalando la cúspide de la democracia. Es esta arquitectura de tipo híbrido y razonable y al mismo tiempo, la cosa moderna y estrafalaria que, sin embargo, caracteriza a Madrid y mas que nada la caracterizará en el porvenir4.


En la obra se emplearon grandes cantidades de hierro, piedra, cristal y pizarra. Palacios empleó por vez primera en la construcción de la planta la estructura metálica para lo que contó con la colaboración del ingeniero industrial, especialista en construcciones metálicas, Angel Chueca, padre del arquitecto Fernando Chueca Goitia, gran admirador de la obra de Palacios. En la obra escultórica, de carácter historicista, muy abundante, contó con el concurso del escultor, Ángel García, habitual en las obras de Palacios.


El Palacio de Comunicaciones tuvo y tiene partidarios y detractores, pero hoy, cualesquiera que sea su valoración estética, es un edificio imprescindible que forma parte de la escenografía urbana madrileña y, por ello es uno de los monumentos madrileños mas vistos y fotografiados.


La exposición histórica se completa con fotografías y un video de “carteros en acción” proyectado en pequeña pantalla que casi nadie mira.


La segunda parte de la muestra se ocupa del “Reiventar Cibeles”. En 2000 el Ayuntamiento adquiere el edificio (no hay detalles económicos de la operación) y lleva a cabo una primera fase de rehabilitación a través de la Dirección general del Patrimonio (escalera de honor, salón de actos, vidrieras...). Para la segunda fase se convoca un concurso internacional del que resulta ganador el proyecto “El corazón de la ciudad” presentado por “Arquimática”, el estudio de Francisco Rodríguez Partearroyo. El proyecto de nuevo centro cultural CentroCentro (raro nombre) ha permitido la recuperación de espacios emblemáticos como el patio de operaciones, el salón de plenos, la vieja torre, la sala de batallas dándoles un nuevo uso cultural.


Abandonamos esta segunda planta, no sin antes echar una ojeada y probar el mobiliario de las áreas de descanso, a derecha e izquierda de la entrada. En el periódico gratuito se nos cuenta que este mobiliario es “de un diseño ligero y sobrio estructuralmente y de un brillante cromatismo”, obra del arquitecto y diseñador de interiores Pedro Feduchi. Me parecen muebles mas propios de un cuarto de niño y de una pobreza e incomodidad extrema.


Ascendemos hacia la torre por la escalera, no sin antes detenernos en las plantas tercera, cuarta y quinta donde, hay montada otra exposición de grandes fotografías de Javier Campano y Ana Muller sobre el proceso de rehabilitación del edificio. Lo mas interesante de estas planta es observar la estructura metálica interior y contemplar desde la altura de las pasarelas la vista del hall, abajo, y de la cristalera, arriba.


Por fin llegamos a la planta sexta E, desde donde un ascensor nos conduce a la torre y al mirador. El esfuerzo merece la pena. La vista panorámica en un día despejado es impresionante. Se ven los cuatro puntos cardinales de Madrid, los grandes edificios, el cerro de los Ángeles, la Casa de Campo. Por delante la Gran Vía y a los pies la fuente de la diosa Cibeles. Un placer para los aficionados a ver y fotografiar Madrid desde la altura.






El descenso, ¡cuidado con no resbalar ! me permite admirar en una escalera lateral, los zócalos o paños de azulejeria sevillana. Son, para quien guste de curiosidades, de la casa Ramos Rejano establecida en el barrio de Triana que tenia oficina en Madrid en la calle Zorrilla nº 4, muy cerca del estudio del arquitecto Palacios.






Visitamos, por último, la planta primera, donde como aperitivo de lo que será (Deo volente) este CentroCentro, se ha instalado la exposición “Habitantes y paseantes”, un trabajo videográfico, sin duda interesante, de Juan Manuel Castro Prieto y Manuel Vázquez. No tiene, en cambio, ninguna gracia, parece una atracción barata de feria pueblerina, el video matón de cuadros de personajes históricos cuyas facciones pueden alterarse captando los rasgos del usuario. Una broma pesada.


Al fondo de esta planta, se encuentra la obra nueva del auditorio, todo en madera capaz de suscitar una extraña sensación de claustrofobia y hermetismo.


La visita, un tanto cansada de tanto subir y bajar escaleras, me deja un sabor agridulce. De un lado, la obra de rehabilitación me parece espléndida, dejando aparte algunos detalles menores. De otro, me surgen serias dudas sobre la rentabilidad de la operación, obra “faraónica” pagada por los madrileños, a los que se oculta su coste, y en cuanto a los futuros usos “interculturales” de tanto espacio recuperado. El tiempo y los ediles tendrán la palabra.


© Manuel Martínez Bargueño

Abril, 2011


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Gracias. Manuelblas


NOTAS


1. Palacio de Cibeles. Jornadas de Puertas Abiertas. Desde el 27 de marzo al 27 de julio. De martes a domingo, de 10 a 20 horas. Entrada gratuita.


2. Conde de Polentino “El solar del Palacio de Comunicaciones” en “Correos y Telecomunicaciones” nº 26, julio de 1946, págs. 16-7.


3. Federico Romero. “Por la calle de Alcalá. Evocaciones a vuela voz". Madrid. Sucesores de Rivadeneyra, 1953, pág. 209.


4. Ramón Gómez de la Serna . "La casa de Correos". Elucidario de Madrid, 1931.

jueves, 7 de abril de 2011

El Instituto Internacional (Miguel Ángel 8)









Cuando yo era un joven funcionario, destinado en el Ministerio de Educación y Ciencia, a finales de los años 60 del pasado siglo, solían llegarnos allí muchas cartas, especialmente de Estados Unidos, dirigidas a un llamado “International Institute” que los carteros de aquella época, ignorantes del inglés, depositaban por aproximación en la estafeta ministerial. Un servidor que entonces estaba encargado de la oficina de información administrativa del Departamento y que desconocía muchas cosas de la historia de España, nada sabía, desde luego, la existencia de este Instituto Internacional, por lo que me temo que, al no saber donde reexpedirlas, dichas cartas quedaran sin respuesta.


Me ha venido en mente esta anécdota al visitar días pasados la sede del Instituto Internacional en la calle Miguel Ángel, 8, dentro del recorrido de aquellos edificios madrileños creados o vinculados en algún momento, como es el caso, la Junta de Ampliación de Estudios inspirada por la Institución Libre de Enseñanza.


Debo agradecer la acogida cordial y las facilidades que Pilar Piñón, directora ejecutiva de la administración en Madrid del Instituto Internacional, me ha dado para visitar el centro y obtener fotografías así como las orientaciones de su bibliotecaria Nuria Seguí, veinticinco años en la institución, para conocer la larga historia del Instituto Internacional, remitiéndome a su página web http://www.iie.es/ y, singularmente al libro de Carmen de Zulueta (agotado en el comercio) “Misioneras, feministas y educadoras. Historia del instituto Internacional1 que he podido obtener en préstamo de una biblioteca. Se trata de un libro denso, bien documentado, con muchos datos de archivo, abundante en nombres y fechas, no fácil de seguir en algunos momentos. En ambas fuentes, pagina web y libro de Zulueta, me he basado para la elaboración del siguiente resumen de la historia del Instituto Internacional.


La fundación del Instituto Internacional (en 1892) y su larga pervivencia en el tiempo hasta el momento actual, pasando por las grandes crisis de la historia reciente de España, no puede explicarse, escribe Zulueta, sin la conjunción de una serie de factores norteamericanos y españoles que “combinados con la personalidad de la fundadora, Alice Gordon Gulick, dieron al Instituto un poderoso impulso inicial y un carácter peculiar que lo han mantenido vivo a lo largo de los años”. Entre los factores norteamericanos hay que destacar el movimiento misionero protestante, pionero en la educación superior de la mujer que llega a España a finales del siglo XIX aprovechando la libertad de cultos reconocida en la Constitución de 1869, y entre los factores españoles, “la existencia del grupo krausista, inspirador de la Institución Libre de Enseñanza [que] influye también de manera decisiva en el desarrollo del Instituto Internacional”.


Alice Gordon Gulick (1847-1903), una mujer educada para una vida de enseñanza y de misión religiosa en el prestigioso Mount Holyoke Seminary, fue enviada a España, en diciembre de 1871, por la Junta de Misiones Extranjeras (American Bord of Commissioners for Foreing Missioners, en siglas ABCFM), junto con su esposo el también misionero William H. Gulick (1835-1922).


Digamos de paso, al hilo de la lectura de Zulueta, que los españoles (cultos) sabemos muy poco de la historia del protestantismo en España. Si acaso conocemos los nombres de George Borrrow por su magnífico libro autobiográfico de viajes “La Biblia en España” (en la traducción de Azaña), de Blanco White, el presbítero español convertido al protestantismo en Gran Bretaña y poco mas. Otros nombres que aparecen en la obra de Zulueta como los misioneros británicos de la primera mitad del siglo XIX, William H.Rule, creador en 1837 de la primera misión protestante en España o James Newenham Graydon o los españoles de un tiempo posterior Usoz y Ríos, Carrasco “el Castelar protestante” y Ruet eran hasta ahora, al menos para mi, unos perfectos desconocidos 2 .


Uno de los misioneros protestantes cuya obra mas arraigó en España, concretamente en Madrid, fue el pastor evangélico alemán, Federico Fliedner quien creó la fundación “El Porvenir”, que todavía existe, de la que dependía el colegio de segunda enseñanza creado por él, en 1872 y que destacó por su carácter progresista (coeducación, curriculum escolares modernos... ) Sus descendientes mantienen este centro como Colegio de Educación Infantil, Primaria y ESO en el edificio neogótico de Bravo Murillo, 85.


Volviendo a los Gulick y a los orígenes del Instituto Internacional, este matrimonio norteamericano abrió en 1871 una capilla en Santander “en un almacén de cuernos y cueros” y, al año siguiente, una escuela primaria para niños pobres basada en el sistema pedagógico norteamericano. Pero pronto Alice Gulick se dio cuenta de lo necesario que era la educación de la mujer en España, en palabras de Zulueta, “Alice ha visto de cerca el fanatismo y la persecución religiosa; ha visto también la completa ignorancia de la mujer española”, y piensa que, al educar a la mujer de la clase media y la alta burguesía, puede colaborar con la regeneración de todo el país. Por eso inicia en 1877, en Santander, un pequeño internado para muchachas, semilla del que será desde 1892 el International Institute for Girls in Spain, conocido en España como el Instituto Internacional o el Instituto de Boston.


En 1882 los Gulick trasladan a San Sebastián la escuela elemental misionera y el internado para chicas, conocido como el Colegio Norte-Americano, instalándose en una casa alquilada, cerca del paseo de Miramar y pronto la fama de este Colegio Norte-Americano se extiende por toda la ciudad, debido a sus modernos métodos pedagógicos. Para sus actividades contó con la cooperación de profesoras graduadas en colleges femeninos del este de los Estados Unidos, principalmente de Smith, Holyhoke y Wellesley. Las alumnas recibían al graduarse un diploma sin valor oficial, pero Mrs Gulick consiguió que las colegialas que lo desearan se pudieran presentar a exámenes de bachillerato como alumnas libres en el Instituto de Guipúzcoa, obteniendo un gran éxito.


En 1892 y por imperativo de la ley española que prohibía a las comunidades religiosas poseer bienes en el país, la Sra, Gulick decide, con la anuencia de la ABCFM, formar una corporación independiente, The International Institute for Girls in Spain cuyo prestigio no hará sino crecer en los años sucesivos hasta el punto de que hacia 1895 dos bachilleres formadas en el Instituto Internacional 3 deciden seguir por libre en la Universidad de Madrid, estudios de la licenciatura en Filosofía y Letras. De esta época son los primeros contactos de la Sra. Gulick con los institucionistas, Gumersindo de Azcárate, prestigioso profesor de la Universidad de Madrid, Francisco Giner y, probablemente, también con Manuel Bartolomé Cossío, contactos que se estrecharán con el paso de los años, debido a la similitud de los métodos pedagógicos del Instituto Internacional con los de la Institución Libre de Enseñanza.


La guerra hispano-norteamericana de 1898 obligó al traslado momentáneo del Instituto Internacional a Biarritz, y al finalizar la contienda, Alice Gulick, ya orientada del todo a la educación superior de la mujer, decide, por consejo de Azcárate y de los institucionistas, establecer en Madrid la nueva sede del Instituto Internacional. El sitio elegido es una pequeña finca con jardín, necesitada de reformas, en la calle de Fortuny nº 5 (hoy 53, donde se encuentra la sede de la Fundación Ortega y Gasset), adquirida a fines de 1901 por 55.000 dólares. En 1902 se adquirió un segundo solar en la calle de Miguel Ángel y otro en en la calle de Rafael Calvo, pero la fundadora no pudo disfrutar de las nuevas instalaciones pues, agotada por la enfermedad (tuberculosis), falleció de un fallo cardíaco en Londres el 14 de septiembre de 1903, inaugurándose la nueva sede de Fortuny con su funeral. Alice Gulick merece ser recordada por las generaciones actuales como una mujer movida por una gran fe en la religión y en la educación, propósitos a los que dedicó todas sus energías. Pocos días antes de morir confesó a su hermana: “A veces pienso que si muriera, mis amigos ayudarían al colegio. Me siento tan humilde cuando pienso que Dios me llamó para que diese el ideal de la educación cristiana a toda una nación. Si al ofrecer mi vida trajese un mayor bien a España ¡con que gusto la ofrecería!


A la muerte de Alice Gulick, su marido quedo como director del Instituto, pero pronto hubo necesidad de contar con un segundo edificio para albergar el College Hall, dotado con las modernas instalaciones, salas de clase, laboratorio y biblioteca. Los fondos para la construcción de esta nueva sede en la calle Miguel Ángel 8 fueron aportados por otros “colleges” e instituciones norteamericanas cuyos nombres pueden todavía leerse en los dinteles de las puertas de aulas y salones en la sede del Instituto. El proyecto del nuevo edificio, terminado en 1910, puede que se hiciera en los Estados Unidos, con intervención, quizás solo en el plano legal, del arquitecto español Joaquín Saldaña. Su coste fue de 478.636 pesetas de la época 4.


Ese mismo año, 1910, la Corporación del Instituto Internacional encargó de su dirección a Susan Huntington graduada en Wellesley. La nueva directora despojó al Instituto de su connotación misionera protestante y abrió sus puertas a otras familias católicas, de ideas liberales, donde se podía estudiar bachillerato, magisterio, conservatorio, ingles y kindergarten para niños y niñas entre 4 y 6 años. Susan Huntington estableció una sólida amistad, que llegó a colaboración entre el Instituto Internacional y el grupo de educadores de la Institución Libre de Enseñanza. Bajo su dirección (1910-1919), el Instituto Internacional se convirtió en uno de los centros educativos y culturales mas importantes de Madrid. “Poco a poco fue atrayendo la atención de intelectuales y educadores. Figuras como José Ortega y Gasset, Rafael Altamira, Manuel Gómez Moreno, Ramón Menéndez Pidal, entre otros pronunciaron conferencias en su paraninfo. En 1914, la joven educadora, María de Maeztu entró a formar parte del profesorado del Instituto”.


En los años de la I Guerra Mundial, los problemas económicos acecharon al Instituto, incapaz de sufragar sus gastos con el importe de las matrículas y por la dificultad de obtener nuevas fuentes de financiación de las instituciones norteamericanas. Entonces, en ese momento crucial, se produce la colaboración con dos de las instituciones creadas por la Junta de Ampliación de Estudios, de inspiración institucionista, la Residencia de Señoritas (1915), dirigida por María de Maeztu, -una de las mas importantes figuras de la educación en España- 5 que funcionaba con estrecheces físicas en locales alquilados en la calle de Fortuny y el Instituto Escuela (1918). La colaboración se concretará en el alquiler ( venta, en 1923) por el Instituto a la Institución de Fortuny 53 “por un precio ínfimo” y en alquiler por parte de esta a la Institución de Miguel Ángel 8, que albergaría primero, a la Residencia de Señoritas y a partir de 1918 al Instituto Escuela. En ambas instituciones de la Junta colaborarán las “profesoras americanas”, dando cursos de inglés y enseñanzas de música, gimnasia y juegos. El Instituto se encargará también del internado de las niñas del Instituto Escuela.


Durante los años veinte y treinta la colaboración entre las dos entidades, Instituto Internacional y Junta para Ampliación de Estudios, fue, en opinión de Carmen Zulueta, "magnífica" y juntos ejercieron una gran influencia cultural en el Madrid de antes de la guerra civil. Bajo la dirección de Mary Loise Foster, de Smith College, se organizaron cursos de laboratorio de química “ya que a las mujeres no seles permitía asistir a los de la universidad”. En la biblioteca del Instituto, fusionada con la de la Residencia de Señoritas, fundó María de Maeztu el Lyceum Club 6, primer club en el que se agruparon las mujeres intelectuales y profesionales de Madrid y se celebraron los primeros cursos de biblioteconomía para formar archiveros y bibliotecarios, enseñando el método de catalogación de Dewey.


La guerra civil trunca toda esta trayectoria. Las instituciones creadas por la Junta son suprimidas por el nuevo régimen y este se queda con los edificios, incluida la subrogación en los alquilados. A principios de los años 40, la sede de Miguel Ángel 8 es ocupada por el Colegio Mayor Santa Teresa y su biblioteca expurgada de “libros marxistas”. En 1944, la Embajada de Estados Unidos consigue alquilar por seis años la sede para su Archivo y en 1950, al expirar el contrato de alquiler el Instituto pone a disposición del Colegio Estudio, un centro privado, continuador en alguna manera de la tradición pedagógica liberal del Instituto Escuela, la mitad del edificio a cambio de compartir gastos.


Como resultado de esta política desinteresada de ayuda, extensible a profesores perseguidos por el régimen “que encontraron cabida en la enseñanza de asignaturas para los grupos norteamericanos que utilizaban Miguel Ángel 8 como su sede”, el Instituto Internacional se ve tachado de rojo por la dictadura franquista y sus actividades sujetas a vigilancia policial.


En la década de los 70 el Instituto Internacional sufrió un grave crisis económica y estructural y estuvo a punto de desaparecer 7. Afortunadamente la crisis se superó en los años 80 y hoy día el Instituto Internacional, fiel a su misión de promoción de los intereses culturales comunes hispano norteamericanos, desarrolla un gran número de programas culturales y educativos en su renombrado edificio.


Para los españoles son de especial interés los cursos de ingles norteamericano que gozan de una sólida reputación entre los estudiantes y los profesionales.





Hasta aquí la historia del Instituto Internacional que hemos intentado resumir lo mas posible. Resta añadir sobre nuestra visita al edificio, del que nos ha faltado ver el paraninfo y el patio interior, que este todavía impresiona, pese a las vicisitudes históricas trascurridas desde el año de su fundación. Me hubiera gustado indagar mas en su biblioteca, por ver si tiene algún fondo antiguo (me han enseñado algún libro dedicado al Instituto por María de Maeztu) y profundizar algo mas en su historia (fotografias, recuerdos). Pero creo que por ahora es bastante con lo visto que, desde luego, es mucho más de lo que sabía antes de iniciar la visita.




© Manuel Martínez Bargueño

Abril, 2011






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Gracias Manuelblas



NOTAS

1. Carmen de Zulueta. "Misioneras, feministas, educadoras. Historia del Instituto Internacional". Editorial Castalia. 1984.


2. En nuestro conocimiento parcial de la historia que nos enseñaron pesó sin duda el juicio tan duro como injusto de Menéndez Pelayo quien juzgaba a estos misioneros como “seres despreciables, locos, oportunistas o simples aventureros”.


3. Sus nombres merecen ser recordados. Se llamaban Esther Alonso y Juliana Campo quienes llegaron a graduarse en Filosofía y Letras en el año 1897. En una ocasión, cuando los catedráticos de la Universidad les preguntaron, maravillados, quienes les habían preparado para los exámenes, ellas contestaron con orgullo ¡mujeres!.


4. El local del Instituto debió causar un gran efecto en el público de la época. Se cuenta que una vez, la Condesa de Pardo Bazán se dirigió a la nueva sede del Instituto para asistir a un acto al que había sido invitada y cuando el cochero paró enfrente del flamante edificio, doña Emilia dijo “No debe ser aquí, este edificio es demasiado elegante para ser un colegio”.


5. Sobre María de Maeztu véase el libro de Isabel Pérez-Villanueva Tovar “María de Maeztu. Una mujer en el reformismo educativo español” Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid, 1989.


6. El Lyceum Club, llamado peyorativamente “el club de las maridas”, se inauguró el 4 de noviembre de 1926. Su sede estaba en la calle Infantas 31, en la casa llamada de las Siete Chimeneas. Sobre este Club es interesante consultar elibro de José Antonio Marina y Maria Teresa Rodriguez de Castro “La conspiración de las lectoras”. Editorial Anagrama. Barcelona. 2009.


7. Seguramente de esta época, segunda mitad delos 70, es la anécdota que cuenta Manuel Vicent, en su libro “Aguirre el magnífico”(Alfaguara, 2011). Una tarde se celebraba en el Instituto Boston una conferencia de Jesús Aguirre sobre el dialogo entre marxistas y cristianos, con la sala repleta de mujeres de la progresía, socialistas y liberales muchos de los cuales habían asistido al “contubernio de Munich”. En un momento dado unos individuos, guerrilleros de Cristo Rey, sentados en las ultimas filas, abrieron unos bolsos de lona y soltaron por la sala unas ratas al grito de “Arriba España” Pasado el primer susto, las ratas lograron escapar a la calle salvo una que pudo ser agarrada por un joven profesor de biología quien, después de exhibirla en alto, la arrojó a una alcantarilla mientras exclamaba “mirad, así hay que hacer con los fachas”.

viernes, 1 de abril de 2011

Basílica Pontificia de San Miguel













La Basílica Pontificia de San Miguel (antes San Justo), a la que hoy nos encaminamos paseando en esta agradable mañana de abril, se halla enclavada, en la calle de San Justo, esquina con la de Puñoenrostro en pleno corazón del Madrid de los Austrias, a dos pasos de la Plaza Mayor. Tengo interés en visitarla, pues he leído por ahí que se trata de uno de los edificios religiosos mas grandiosos de Madrid y una auténtica joya de la arquitectura dieciochesca de la Villa.


Antes de comenzar la visita, y siguiendo con mi práctica habitual, he procurado acopiar los datos pertinentes para conocer cual es su


Historia


Coinciden las fuentes consultadas en señalar que la de San Justo y Pastor, antecedente del templo actual, era una de las diez parroquias que había intramuros de Madrid, tal como figuran nombradas en el Apéndice 1º al Fuero de Madrid de 1202. Según Tormo “eran pequeñas, pero sus campanarios eran románicos, mas típico el de San Justo, de tres pisos de a dos ventanas cada uno a los cuatro lados1. De San Justo hay noticia de un voto a San Pedro en 1438 y que ostentaba el escudo real en su techumbre 2. También se conoce, por los libros parroquiales, que durante los siglos posteriores, la parroquia mantuvo el protagonismo que le correspondía como una de las iglesias mas antiguas de Madrid, realizándose durante el siglo XVI mejoras y reformas en su decoración 3 .


Este primitivo templo estaba muy relacionado con otra parroquia muy próxima que era la de San Miguel de los Octoes 4 que estaba junto a la muralla y cuyo solar es hoy el remozado mercado de San Miguel. En 1790 hubo un incendio en la Plaza Mayor y de resultas quedo afectado este templo de San Miguel cuya parroquialidad pasó temporalmente, hasta que concluyeron las obras de restauración, a San Justo que ya no era el primitivo templo románico, derribado a finales del siglo XVII, sino, como luego veremos, una suntuosa iglesia trazada en 1738 por el arquitecto italiano Giacomo Bonavia, por encargo de el cardenal infante don Luis de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo y que ocupaba el solar del viejo cementerio.


La iglesia de San Miguel a la que no hemos referido en el párrafo anterior, se derribó a principios del siglo XIX y su parroquia pasó de nuevo a San Justo, que cambió su denominación por “San Justo y San Miguel” hasta que San Miguel pasó mas tarde, a una capilla de la calle de Leganitos y en 1891 a una nueva iglesia que se construyó en la calle del General Ricardos, en el barrio de Carabanchel, donde continúa (es la parroquia de San Miguel Arcángel).


Volviendo a San Justo, en 1892 el templo se dio a la Nunciatura Apostólica con carácter de iglesia pontificia, en compensación por el derribo en 1885 de la iglesia del hospital de Italianos de la carrera de San Jerónimo, antigua institución que pertenecía a la colonia italiana de Madrid. La Nunciatura se dio a los padres redentoristas, orden fundada en el siglo XVIII por San Alfonso María de Ligorio, teniendo ya como titular único a San Miguel, por expreso deseo de la Santa Sede que quizás considero a los Santos Niños como un culto mas local y menos universal. La parroquia de San Justo, pasó entonces a la iglesia del antiguo monasterio de San Antón de religiosas carmelitas descalzas, mas conocido por el nombre de las Maravillas donde continua (es la actual parroquia de Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor, en la plaza del Dos de Mayo).


El templo se salvó de la destrucción de la guerra civil y desde 1959 pertenece al Opus Dei que efectuó una reforma considerable por obra de su arquitecto José Antonio Íñiguez Herrero, quien suprimió las capillas laterales, sustituidos por vidrieras y confesionarios, redujo la abundante decoración y construyó bajo la iglesia una cripta. 5


La (desde 1930) Basílica Pontificia de San Miguel, templo de la Nunciatura Apostólica en España, fue declarado Monumento Histórico Artístico de carácter nacional por Real Decreto 2407/1984, de 28 de noviembre de 1984 (BOE de 5 de febrero de 1985).


El edificio y su arquitecto


Como hemos indicado, el actual templo fue mandado construir y costeado, al menos en parte, por el cardenal Infante don Luis de Borbón y Farnesio, Arzobispo de Toledo entre 1734 y 1754 (fecha en la que se secularizó para contraer matrimonio con Maria Teresa de Vallabriga y Rozas). Dado que el cardenal infante era un niño (había nacido en 1727) es de suponer que las órdenes las diera su ayo el marques de Scotti, interpretando los deseos de la reina madre, Isabel de Farnesio.


El primer proyecto del nuevo edificio que ocupó el espacio del antiguo San Justo y cementerio adyacente fue realizado por Teodoro Ardemans 6, (lo que niega Maria Elena Gómez Moreno quien escribe “que no hay ni sombra de planos ni intervención de Ardemans ¿sería para San Millán?”') 7 pero el proyecto definitivo fue de manos del arquitecto piamontés Giacomo Bonavía (1700-1760).


Giacomo (o Santiago) Bonavía habia llegado a España en 1731, proveniente de Piacenza, llamado por Felipe V para construir el teatro del Buen Retiro. En Turin, Bonavía tuvo la oportunidad de conocer y estudiar la arquitectura de Guarino Guarini (1642-1683) que era sacerdote teatino, matemático y escritor. Dos años antes de acometer el trazado de San Justo, Bonavía publicó “Architettura civile”, recopilación de escritos y proyectos de Guarini, libro cuya influencia fue grande en el desarrollo del barroco europeo 8.


El arte de Bonavía, escribe Tormo, “es de un capricho “rococó, que se traduce en la planta, con curvas cóncavas y convexas en la nave, crucero y en la fachada misma y en la bóvedas” alternándose las formadas por arcos en aspa y bóvedas que toman las caprichosas formas dejadas por ellos. El resultado de este sorprendente cruce de bóvedas, es uno de los diseños rococós mas fascinantes de la escuela guariniana cuyos antecedentes pueden ser la iglesia de Santa María de la Divina Protección de Lisboa y la iglesia del Carmine, en Turín, de Filippo Juvara (1678-1736).


La primera piedra del nuevo templo se colocó el 20 de septiembre de 1739. Bonavía construyó la bóveda y gran parte del templo, pilastras, capillas laterales y fachadas, todo ello en piedra berroqueña. La continuación de las obras de San Justo estuvo encomendada a partir de 1743 a Virgilio Rabaglio, el arquitecto ayudante de Sacheti, autor del proyecto del palacio de Riofrío y del coliseo de los Caños del Peral, quien concluyó el templo en dos años, rematando la fachada y realizando las obras de carácter decorativo en su interior. Antonio Rusca terminó la capilla mayor, sacristía y dependencias entre 1745-46.


Exterior 9



Al exterior llama de inmediato al paseante la soberbia fachada de la iglesia que parece combada de forma convexa para sacar mas partido del estrecho frente. Las dos pequeñas torres realzan la convexidad y hace que el edificio se proyecte hacia arriba pudiendo verse desde distintos puntos de Madrid, situados en un plano mas bajo. Esta disposición de fachada convexa es poco frecuente en el resto de España ( salvo en la Colegiata de San Ildefonso en Segovia y en el Santuario de la Virgen Peregrina de Pontevedra, que recuerde) y única en el barroco madrileño.


Observamos la fachada, apoyados en el muro de la recientemente inaugurada Biblioteca Pública Iván de Vargas. Es la típica fachada telón, ejecutada toda ella en granito alternada con entrepaños de ladrillo. Aparece estructurada en vertical, dividida en tres cuerpos.


En el primero hay que destacar la gran puerta, enmarcada por un rico dintel con orejones. En su parte superior hay un relieve con el martirio de los Santos Niños Justo y Pastor, obra de Nicolás Carisana, un escultor del que solo sabemos lo que nos cuenta Ceán Bermúdez 10, que Felipe V le nombró en 1744 director de la junta preparatoria al establecimiento de la Real Academia de San Fernando y que ejecutó obras para esta parroquia. A los lados, en los cuerpos laterales, separados por pilastras dóricas, alojadas en hornacinas, dos estatuas de piedra, representan las Virtudes, a la derecha la Caridad, en el acto de amamantar un niño y teniendo otro a su vera y a la izquierda la Fortaleza, apoyada en una columna. Son obras, algo deterioradas, de Roberto Michel (1720-1786), un escultor mucho mas conocido que el anterior, de origen francés pero activo en España desde 1740 y al que se deben, entre otras obras, los dos leones de la popular fuente de la Cibeles.


En el segundo cuerpo, en el centro, hay una ventana, rematada por un simple frontón curvo y en los cuerpos laterales, separados por pilastras jónicas, otras dos Virtudes, obra del citado Carisana, a la derecha la Fe, cubierta por un velo, sujetando el cáliz con la hostia y acompañada de un niño y al otro lado la Esperanza, sujetando un ancla. También es de Carisana el gran escudo de armas del Cardenal Infante y los ángeles que sujetan la cruz metálica de la parte superior. A los lados las dos torrecillas campanarios rematados por cubiertas de tipo bulboso, de influencia quizás centroeuropea.


Interior


Al interior se accede por una escalinata curva que acentúa la monumentalidad del entorno. No reparo en la portada de guarnición rococó de la que escriben los entendidos que tiene espléndidos herrajes y bellisimos batientes de madera con relieves.


La primera impresión que recibe el visitante es de magnificencia en todos sus órdenes. Crea esta sensación su planta de cruz latina, constituida por una gran nave central, del tipo de salón, con seis capillas laterales, tres a cada lado y la curiosa disposición quebrada de las pilastras que sostienen la bóveda de la nave central donde se marca el juego de relaciones cóncavo convexas mediante la alternancia de tramos circulares y elípticos con otros de arcos cruzados, como ya hemos señalado. Toda esta sensación queda acentuada por la fastuosa decoración a base de estucos que imitan mármoles y oros, completado por el rico programa decorativo de las pinturas de las bóvedas que no se distinguen bien debido a la pérdida de nitidez y parte del dibujo.



No obstante, con ayuda de la pertinente documentación 11, haremos un recorrido de las pinturas de las bóvedas: Partiendo de la zona del coro, a los pies del templo, hacia el presbiterio. Al final de la iglesia, sobre el coro, aparece una representación del Calvario. En los lunetos siguientes representaciones de los profetas Ezequiel y Jeremías, obra de Gustavo Hastoy, pintor vasco de cuya vida y obra existen pocos registros. En el platillo al centro de la nave, la Apoteosis de los Santos Niños Justo y Pastor (1745) de Bartolomé Rusca, pintor italiano que trabajó en España, principalmente en los Sitios Reales de 1745. En las pechinas que sostienen esta cúpula rebajada, tambien suyas, las Virtudes personificadas por santas: la Fortaleza (Santa Bárbara), la Virginidad (Santa Cristina) y la Inocencia (Santa Inés). En la cuarta pechina aparecen ángeles. Sobre las capillas centrales grisallas con representaciones de Judit con la cabeza de Holofernes en el lado derecho y Jacob y Rebeca en el izquierdo. A continuación atributos papales. Los siguientes lunetos son los profetas Daniel e Isaías, tambien de Hastoy. En la zona del crucero y sobre los altares laterales pinturas en grisalla con escenas del Antiguo Testamento: los exploradores de la Tierra Prometida que traen un gran racimo y Ruth recolectando en los campos de Booz. Sobre la cúpula sostenida por las pechinas donde aparecen los cuatro evangelistas, pinturas de los hermanos González Velazquez, lo mismo que la pintura central que representa la escena del martirio de los santos niños, y su posterior apoteosis, siendo recibidos en el cielo. En la misma aparecen grisallas con las representaciones de la fortaleza y la fe. En el cascarón del presbiterio escena de los niños Justo y Pastor ante el proconsul Daciano (después de 1752). A los lados pinturas de los arcángeles mayores: aun lado, Barachiel, Gabriel y Jehudiel, al otro, Rafael, Uriely Seatiel, cada uno con su atributos.


Nos acercamos al presbiterio o capilla mayor, presidido por un gran cuadro de Alejandro Ferrant, fechado en 1897, costeado por León XIII, “pidiendo por devoción el artista cantidad muy exigua” (Tormo) y que representa al arcángel San Miguel, el Victorioso, venciendo al diablo (anteriormente parece que hubo otro cuadro de José del Castillo representando a los Santos Niños Justo y Pastor). Sobre el lienzo dos ángeles con filacterias, del escultor granadino Pedro Hermoso (1763-1830). Sobre ellos un medallón con la figura del Padre Eterno, de los hermanos González Velázquez, reputados fresquistas de las iglesias de Madrid, del XVIII. A los lados del lienzo de San Miguel hay sendos medallones con bustos de Cristo y la Virgen, también de Pedro Hermoso. Dentro de la capilla mayor hay sendas tribunas laterales, realizadas en madera, de estilo rococó. El púlpito también es dieciochesco.


El recorrido del templo lo haremos, como habitualmente por el lado de la Epístola (derecha), desde la zona de los pies. La primera capilla tiene un retablo neoclásico, como casi todos los de la iglesia, pero después de la reforma de finales de los 50 /60, las imágenes han sido sustituidas, con poco acierto, por vidrieras de los talleres Granda, en este caso, con la figura de Cristo como Pantocrator rodeado de ángeles y delante dos confesionarios, elemento muy común a lo largo del templo.

La siguiente capilla es la de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Fe y del Perdón, María Santísima Inmaculada, Madre de la Iglesia y Arcángel San Miguel (para abreviar de “Los Estudiantes”) que tiene su propia página http://www.losestudiantes.org/ En el centro, un retablo neoclásico ¿de Ventura Rodríguez? con grandes columnas pareadas que tiene en la parte superior un bajorrelieve retablo de la Anunciación, flanqueada por ángeles y en su centro, una de las mas bellas imágenes de la iglesia, la del Santísimo Cristo de la Fe y el Perdón, antes llamado de la Luz, de Luis Salvador Carmona (1708-1767), el genial escultor castellano “mórbido de modelado y sereno de expresión” 12. A los pies hay una imagen de vestir de María Inmaculada, Madre de Dios, del imaginero sevillano contemporáneo Juan Manuel Miñarro (1995-6). Estas imágenes procesionan al atardecer del Domingo de Ramos.


La siguiente capilla por este lado tiene, como la primera vidriera (con un Coro de Ángeles) y confesionario. A los lados, en hornacinas, esculturas de San Joaquín y Santa Ana, del siglo XVIII.


Llegamos a la zona del crucero por este lado. Reclama poderosamente la atención un gran retablo de columnas y capiteles corintios dedicado a la Virgen de la Asunción y Coronación Gloriosa, talla de producción de talleres granadinos del XVIII, rodeada de grupos de ángeles modernos. Debe ser imagen muy milagrera pues a un lado, sobre un atril y teniendo por bajo un limosnero, hay un libro de ruegos para uso de los fieles en los que estos dejan, en su mayor parte con una deficiente caligrafía, sus ruegos a la Virgen para que les ayude a solventar sus problemas de familia, salud o trabajo. He leído por encima alguno de estos ruegos y los hay muy curiosos: “para las empleadas del hogar, para que sean buenas”, “para que me ayude con la chica que tanto me gusta” etc.


Pasamos ante el altar para llegarnos al lado del Evangelio. En este lado del crucero hay otro gran retablo similar al anterior, con efigie de San José y el Niño, contemporánea, (1996) de Agustín de la Herrán, tallada en nogal.


Volviendo sobre nuestros pasos, por el lado de la Epístola hacia los pies, la primera capilla obedece al esquema ya conocido de vidriera (grupo de ángeles adorando la cruz) y confesionario.


La siguiente es la capilla dedicada a San José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. La estatua del santo express, en madera de nogal, es también de Agustín de la Herrán (1996). Una lápida de metal, inserta en el muro explica la relación del santo fundador con la iglesia (parece que aquí celebró su primera misa, en 1927, cuando todavía no había fundado la Obra y volvió a celebrar otra en 1960, cuando el Opus Dei era ya una potente organización). En esta misma capilla, a ambos lados, dentro de hornacinas, sendas urnas sepulcrales del general Manuel Luis de Orleans, conde (no duque) de Charni, de 1740 que fue gobernador de Ceuta y de su padre Juan Luis de Orleans quien, a su vez, fue gobernador general de las plazas de Oran y Mazalquivir.


La última capilla de este lado tiene vidriera ( Arcángel San Gabriel con el joven Tobías) y dos confesionarios.


A los pies del templo, dentro de una pequeña capilla redonda y enmarcada por una preciosa y elegante vitrina del siglo XVIII, hay una imagen del Santo Niño Jesús de la Gracia, obra anónima de principios del siglo XVIII.


Sobre la magnífica tribuna del coro, no pasa desapercibido el esplendido órgano barroco, restaurado en 1995 por el organero alemán G. Grenzing y que pasa por ser uno de los mejores de España, con un sonido perfecto, según dicen quienes lo han escuchado.


Como no me suelo ir de las iglesias sin ver la trastienda, esto es la sacristía, normalmente no abierta al visitante, me atrevo a ir hasta ella, animado por un rótulo que dice “pase sin llamar”. Recorriendo un pasillo, llego hasta una pieza cuadrada, con buena cajonería y algunos cuadros antiguos interesantes. Inmediatamente me llama la atención un busto de la Virgen que parece de la escuela de Alonso Cano. Pregunto a un empleado, parapetado tras de una mesa, sobre las tallas de Santa Librada, de Carmona y de San Diego de Alcántara, (tenido antes por San Pascual Bailón), de Juan Pascual de Mena, alabadas por Tormo, y amablemente me las enseña, guardadas en dependencias interiores. Ambas son magníficas, como se aprecia en las fotografías, especialmente la de la santa crucificada, muy parecida a la que se expone en el Museo de Valladolid. Extrañado porque no estén mas a la vista, me atrevo a preguntar a un sacerdote que por allí aparece, por la causa de este ocultamiento y me dice que es “por razones litúrgicas”, lo que no acabo de entender hasta que, al llegar a casa, he investigado en Internet sobre la hagiografía de esta santa, patrona de Sigüenza. Resulta que Santa Librada, cuya leyenda es cuanto menos curiosa, es, también la patrona de las mujeres mal casadas y por tanto, entiendo yo, resulta “religiosamente incorrecta” para la liturgia. Se imaginan ustedes la cola de fieles que tendría la exposición de la imagen de la santa en la iglesia, en la que, al parecer estuvo, hace ya cuarenta años. Dejaría en un tono menor el culto a San Josemaría.



He olvidado preguntar por la cripta a la que, al parecer, se accede desde la calle por una pequeña puerta lateral, y en la que estuvo enterrado el célebre músico Luigi Boccherini (1743-1805), hasta que en 1927, Mussolini, el Duce, llevó los restos a Italia, para ser enterrados en la iglesia de San Francisco, en Lucca, su ciudad natal.


© Manuel Martínez Bargueño

Marzo, 2011

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Gracias. Manuelblas

NOTAS


1. Elías Tormo. "Las iglesias de Madrid. Reedición de los dos fascículos publicados en 1927. Prólogo del Marqués de Lozoya. Notas de María Elena Gómez Moreno". Instituto de España, 1972, pág 77.


2. Tenían en esta primitiva iglesia sus enterramientos Pedro Suarez de Toledo, los Coallas, Lagos y Lujanes y en una capilla se ostentaban las armas de los Cisneros, mayorazgos antiguos de la Villa (Pedro de Répide "Las calles de Madrid”. Afrodisio Aguado, cuarta edición, 1981, pág 654.


3. Fueron enterrados en esta parroquia el padre de Quevedo, así como sus abuelos maternos y un hermano y en los libros parroquiales se encuentran las partidas de defunción de Alonso de Ercilla, del padre de Miguel de Cervantes, Rodrigo, Francisco López de Zárate, de miembros de la familia de Lopez de Hoyos, Jerónimo y Francisco de la Quintana o el doctor Godínez http://www.bsanmiguel.es/


4. Se llamaba “de los Octoes” para diferenciarla de otra parroquia con la misma titularidad que se conocía como “de La Sagra”, por ser los naturales de esa región toledana sus principales feligreses (Pedro F. García Gutierrez y Agustín F. Martínez Carbajo “Iglesias de Madrid” Ediciones la Librería 2006, pág. 202).


5. Según http://www.monumentamadrid.es/ en la década de los 60-70 se llevaron a cabo reformas en el presbiterio y en la cripta por los arquitectos Germán Valentín-Gamazo Garcia-Noblejas y Jose Hernandez Martínez-Arcos.


6. Según Tormo, Ardemans proyectó una iglesia similar, pero mas corta que la que se vino a realizar por el arquitecto Giacomo Bonavía (Tormo, ob.cit, pag. 78).


7. Elías Tormo, ob.cit, pág. 82, nota.


8. Ramón Guerra de la Vega. "Madrid. Guía de Arquitectura 1700-1800", segunda edición, 1984.


9. Una descripción artística el templo, con comentarios sobre la Obra, puede hallarse en www.bsanmiguel.es/pdf/arte.5.pdf


10. Juan Agustín Ceán Bermudez. "Diccionario Histórico de los mas ilustres profesores de las Bellas Artes en España I." Reales Academias de Bellas Artes y de la Historia. Madrid, 1965, pág. 256.


11. Esta informaciones las tomo en su mayor parte del libro “Iglesias de Madrid” , ob.cit. págs. 205-6.



12. Ramón Moreno Montegudo “Iglesias antiguas madrileñas” Ediciones La Librería, 4ª edición 2009, pág. 36.