La Basílica Pontificia de San Miguel (antes San Justo), a la que hoy nos encaminamos paseando en esta agradable mañana de abril, se halla enclavada, en la calle de San Justo, esquina con la de Puñoenrostro en pleno corazón del Madrid de los Austrias, a dos pasos de la Plaza Mayor. Tengo interés en visitarla, pues he leído por ahí que se trata de uno de los edificios religiosos mas grandiosos de Madrid y una auténtica joya de la arquitectura dieciochesca de la Villa.
Antes de comenzar la visita, y siguiendo con mi práctica habitual, he procurado acopiar los datos pertinentes para conocer cual es su
Historia
Coinciden las fuentes consultadas en señalar que la de San Justo y Pastor, antecedente del templo actual, era una de las diez parroquias que había intramuros de Madrid, tal como figuran nombradas en el Apéndice 1º al Fuero de Madrid de 1202. Según Tormo “eran pequeñas, pero sus campanarios eran románicos, mas típico el de San Justo, de tres pisos de a dos ventanas cada uno a los cuatro lados”1. De San Justo hay noticia de un voto a San Pedro en 1438 y que ostentaba el escudo real en su techumbre 2. También se conoce, por los libros parroquiales, que durante los siglos posteriores, la parroquia mantuvo el protagonismo que le correspondía como una de las iglesias mas antiguas de Madrid, realizándose durante el siglo XVI mejoras y reformas en su decoración 3 .
Este primitivo templo estaba muy relacionado con otra parroquia muy próxima que era la de San Miguel de los Octoes 4 que estaba junto a la muralla y cuyo solar es hoy el remozado mercado de San Miguel. En 1790 hubo un incendio en la Plaza Mayor y de resultas quedo afectado este templo de San Miguel cuya parroquialidad pasó temporalmente, hasta que concluyeron las obras de restauración, a San Justo que ya no era el primitivo templo románico, derribado a finales del siglo XVII, sino, como luego veremos, una suntuosa iglesia trazada en 1738 por el arquitecto italiano Giacomo Bonavia, por encargo de el cardenal infante don Luis de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo y que ocupaba el solar del viejo cementerio.
La iglesia de San Miguel a la que no hemos referido en el párrafo anterior, se derribó a principios del siglo XIX y su parroquia pasó de nuevo a San Justo, que cambió su denominación por “San Justo y San Miguel” hasta que San Miguel pasó mas tarde, a una capilla de la calle de Leganitos y en 1891 a una nueva iglesia que se construyó en la calle del General Ricardos, en el barrio de Carabanchel, donde continúa (es la parroquia de San Miguel Arcángel).
Volviendo a San Justo, en 1892 el templo se dio a la Nunciatura Apostólica con carácter de iglesia pontificia, en compensación por el derribo en 1885 de la iglesia del hospital de Italianos de la carrera de San Jerónimo, antigua institución que pertenecía a la colonia italiana de Madrid. La Nunciatura se dio a los padres redentoristas, orden fundada en el siglo XVIII por San Alfonso María de Ligorio, teniendo ya como titular único a San Miguel, por expreso deseo de la Santa Sede que quizás considero a los Santos Niños como un culto mas local y menos universal. La parroquia de San Justo, pasó entonces a la iglesia del antiguo monasterio de San Antón de religiosas carmelitas descalzas, mas conocido por el nombre de las Maravillas donde continua (es la actual parroquia de Nuestra Señora de las Maravillas y de los Santos Justo y Pastor, en la plaza del Dos de Mayo).
El templo se salvó de la destrucción de la guerra civil y desde 1959 pertenece al Opus Dei que efectuó una reforma considerable por obra de su arquitecto José Antonio Íñiguez Herrero, quien suprimió las capillas laterales, sustituidos por vidrieras y confesionarios, redujo la abundante decoración y construyó bajo la iglesia una cripta. 5
La (desde 1930) Basílica Pontificia de San Miguel, templo de la Nunciatura Apostólica en España, fue declarado Monumento Histórico Artístico de carácter nacional por Real Decreto 2407/1984, de 28 de noviembre de 1984 (BOE de 5 de febrero de 1985).
El edificio y su arquitecto
Como hemos indicado, el actual templo fue mandado construir y costeado, al menos en parte, por el cardenal Infante don Luis de Borbón y Farnesio, Arzobispo de Toledo entre 1734 y 1754 (fecha en la que se secularizó para contraer matrimonio con Maria Teresa de Vallabriga y Rozas). Dado que el cardenal infante era un niño (había nacido en 1727) es de suponer que las órdenes las diera su ayo el marques de Scotti, interpretando los deseos de la reina madre, Isabel de Farnesio.
El primer proyecto del nuevo edificio que ocupó el espacio del antiguo San Justo y cementerio adyacente fue realizado por Teodoro Ardemans 6, (lo que niega Maria Elena Gómez Moreno quien escribe “que no hay ni sombra de planos ni intervención de Ardemans ¿sería para San Millán?”') 7 pero el proyecto definitivo fue de manos del arquitecto piamontés Giacomo Bonavía (1700-1760).
Giacomo (o Santiago) Bonavía habia llegado a España en 1731, proveniente de Piacenza, llamado por Felipe V para construir el teatro del Buen Retiro. En Turin, Bonavía tuvo la oportunidad de conocer y estudiar la arquitectura de Guarino Guarini (1642-1683) que era sacerdote teatino, matemático y escritor. Dos años antes de acometer el trazado de San Justo, Bonavía publicó “Architettura civile”, recopilación de escritos y proyectos de Guarini, libro cuya influencia fue grande en el desarrollo del barroco europeo 8.
El arte de Bonavía, escribe Tormo, “es de un capricho “rococó, que se traduce en la planta, con curvas cóncavas y convexas en la nave, crucero y en la fachada misma y en la bóvedas” alternándose las formadas por arcos en aspa y bóvedas que toman las caprichosas formas dejadas por ellos. El resultado de este sorprendente cruce de bóvedas, es uno de los diseños rococós mas fascinantes de la escuela guariniana cuyos antecedentes pueden ser la iglesia de Santa María de la Divina Protección de Lisboa y la iglesia del Carmine, en Turín, de Filippo Juvara (1678-1736).
La primera piedra del nuevo templo se colocó el 20 de septiembre de 1739. Bonavía construyó la bóveda y gran parte del templo, pilastras, capillas laterales y fachadas, todo ello en piedra berroqueña. La continuación de las obras de San Justo estuvo encomendada a partir de 1743 a Virgilio Rabaglio, el arquitecto ayudante de Sacheti, autor del proyecto del palacio de Riofrío y del coliseo de los Caños del Peral, quien concluyó el templo en dos años, rematando la fachada y realizando las obras de carácter decorativo en su interior. Antonio Rusca terminó la capilla mayor, sacristía y dependencias entre 1745-46.
Exterior 9
Al exterior llama de inmediato al paseante la soberbia fachada de la iglesia que parece combada de forma convexa para sacar mas partido del estrecho frente. Las dos pequeñas torres realzan la convexidad y hace que el edificio se proyecte hacia arriba pudiendo verse desde distintos puntos de Madrid, situados en un plano mas bajo. Esta disposición de fachada convexa es poco frecuente en el resto de España ( salvo en la Colegiata de San Ildefonso en Segovia y en el Santuario de la Virgen Peregrina de Pontevedra, que recuerde) y única en el barroco madrileño.
Observamos la fachada, apoyados en el muro de la recientemente inaugurada Biblioteca Pública Iván de Vargas. Es la típica fachada telón, ejecutada toda ella en granito alternada con entrepaños de ladrillo. Aparece estructurada en vertical, dividida en tres cuerpos.
En el primero hay que destacar la gran puerta, enmarcada por un rico dintel con orejones. En su parte superior hay un relieve con el martirio de los Santos Niños Justo y Pastor, obra de Nicolás Carisana, un escultor del que solo sabemos lo que nos cuenta Ceán Bermúdez 10, que Felipe V le nombró en 1744 director de la junta preparatoria al establecimiento de la Real Academia de San Fernando y que ejecutó obras para esta parroquia. A los lados, en los cuerpos laterales, separados por pilastras dóricas, alojadas en hornacinas, dos estatuas de piedra, representan las Virtudes, a la derecha la Caridad, en el acto de amamantar un niño y teniendo otro a su vera y a la izquierda la Fortaleza, apoyada en una columna. Son obras, algo deterioradas, de Roberto Michel (1720-1786), un escultor mucho mas conocido que el anterior, de origen francés pero activo en España desde 1740 y al que se deben, entre otras obras, los dos leones de la popular fuente de la Cibeles.
En el segundo cuerpo, en el centro, hay una ventana, rematada por un simple frontón curvo y en los cuerpos laterales, separados por pilastras jónicas, otras dos Virtudes, obra del citado Carisana, a la derecha la Fe, cubierta por un velo, sujetando el cáliz con la hostia y acompañada de un niño y al otro lado la Esperanza, sujetando un ancla. También es de Carisana el gran escudo de armas del Cardenal Infante y los ángeles que sujetan la cruz metálica de la parte superior. A los lados las dos torrecillas campanarios rematados por cubiertas de tipo bulboso, de influencia quizás centroeuropea.
Interior
Al interior se accede por una escalinata curva que acentúa la monumentalidad del entorno. No reparo en la portada de guarnición rococó de la que escriben los entendidos que tiene espléndidos herrajes y bellisimos batientes de madera con relieves.
La primera impresión que recibe el visitante es de magnificencia en todos sus órdenes. Crea esta sensación su planta de cruz latina, constituida por una gran nave central, del tipo de salón, con seis capillas laterales, tres a cada lado y la curiosa disposición quebrada de las pilastras que sostienen la bóveda de la nave central donde se marca el juego de relaciones cóncavo convexas mediante la alternancia de tramos circulares y elípticos con otros de arcos cruzados, como ya hemos señalado. Toda esta sensación queda acentuada por la fastuosa decoración a base de estucos que imitan mármoles y oros, completado por el rico programa decorativo de las pinturas de las bóvedas que no se distinguen bien debido a la pérdida de nitidez y parte del dibujo.
No obstante, con ayuda de la pertinente documentación 11, haremos un recorrido de las pinturas de las bóvedas: Partiendo de la zona del coro, a los pies del templo, hacia el presbiterio. Al final de la iglesia, sobre el coro, aparece una representación del Calvario. En los lunetos siguientes representaciones de los profetas Ezequiel y Jeremías, obra de Gustavo Hastoy, pintor vasco de cuya vida y obra existen pocos registros. En el platillo al centro de la nave, la Apoteosis de los Santos Niños Justo y Pastor (1745) de Bartolomé Rusca, pintor italiano que trabajó en España, principalmente en los Sitios Reales de 1745. En las pechinas que sostienen esta cúpula rebajada, tambien suyas, las Virtudes personificadas por santas: la Fortaleza (Santa Bárbara), la Virginidad (Santa Cristina) y la Inocencia (Santa Inés). En la cuarta pechina aparecen ángeles. Sobre las capillas centrales grisallas con representaciones de Judit con la cabeza de Holofernes en el lado derecho y Jacob y Rebeca en el izquierdo. A continuación atributos papales. Los siguientes lunetos son los profetas Daniel e Isaías, tambien de Hastoy. En la zona del crucero y sobre los altares laterales pinturas en grisalla con escenas del Antiguo Testamento: los exploradores de la Tierra Prometida que traen un gran racimo y Ruth recolectando en los campos de Booz. Sobre la cúpula sostenida por las pechinas donde aparecen los cuatro evangelistas, pinturas de los hermanos González Velazquez, lo mismo que la pintura central que representa la escena del martirio de los santos niños, y su posterior apoteosis, siendo recibidos en el cielo. En la misma aparecen grisallas con las representaciones de la fortaleza y la fe. En el cascarón del presbiterio escena de los niños Justo y Pastor ante el proconsul Daciano (después de 1752). A los lados pinturas de los arcángeles mayores: aun lado, Barachiel, Gabriel y Jehudiel, al otro, Rafael, Uriely Seatiel, cada uno con su atributos.
Nos acercamos al presbiterio o capilla mayor, presidido por un gran cuadro de Alejandro Ferrant, fechado en 1897, costeado por León XIII, “pidiendo por devoción el artista cantidad muy exigua” (Tormo) y que representa al arcángel San Miguel, el Victorioso, venciendo al diablo (anteriormente parece que hubo otro cuadro de José del Castillo representando a los Santos Niños Justo y Pastor). Sobre el lienzo dos ángeles con filacterias, del escultor granadino Pedro Hermoso (1763-1830). Sobre ellos un medallón con la figura del Padre Eterno, de los hermanos González Velázquez, reputados fresquistas de las iglesias de Madrid, del XVIII. A los lados del lienzo de San Miguel hay sendos medallones con bustos de Cristo y la Virgen, también de Pedro Hermoso. Dentro de la capilla mayor hay sendas tribunas laterales, realizadas en madera, de estilo rococó. El púlpito también es dieciochesco.
El recorrido del templo lo haremos, como habitualmente por el lado de la Epístola (derecha), desde la zona de los pies. La primera capilla tiene un retablo neoclásico, como casi todos los de la iglesia, pero después de la reforma de finales de los 50 /60, las imágenes han sido sustituidas, con poco acierto, por vidrieras de los talleres Granda, en este caso, con la figura de Cristo como Pantocrator rodeado de ángeles y delante dos confesionarios, elemento muy común a lo largo del templo.
La siguiente capilla es la de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Fe y del Perdón, María Santísima Inmaculada, Madre de la Iglesia y Arcángel San Miguel (para abreviar de “Los Estudiantes”) que tiene su propia página http://www.losestudiantes.org/ En el centro, un retablo neoclásico ¿de Ventura Rodríguez? con grandes columnas pareadas que tiene en la parte superior un bajorrelieve retablo de la Anunciación, flanqueada por ángeles y en su centro, una de las mas bellas imágenes de la iglesia, la del Santísimo Cristo de la Fe y el Perdón, antes llamado de la Luz, de Luis Salvador Carmona (1708-1767), el genial escultor castellano “mórbido de modelado y sereno de expresión” 12. A los pies hay una imagen de vestir de María Inmaculada, Madre de Dios, del imaginero sevillano contemporáneo Juan Manuel Miñarro (1995-6). Estas imágenes procesionan al atardecer del Domingo de Ramos.La siguiente capilla por este lado tiene, como la primera vidriera (con un Coro de Ángeles) y confesionario. A los lados, en hornacinas, esculturas de San Joaquín y Santa Ana, del siglo XVIII.
Llegamos a la zona del crucero por este lado. Reclama poderosamente la atención un gran retablo de columnas y capiteles corintios dedicado a la Virgen de la Asunción y Coronación Gloriosa, talla de producción de talleres granadinos del XVIII, rodeada de grupos de ángeles modernos. Debe ser imagen muy milagrera pues a un lado, sobre un atril y teniendo por bajo un limosnero, hay un libro de ruegos para uso de los fieles en los que estos dejan, en su mayor parte con una deficiente caligrafía, sus ruegos a la Virgen para que les ayude a solventar sus problemas de familia, salud o trabajo. He leído por encima alguno de estos ruegos y los hay muy curiosos: “para las empleadas del hogar, para que sean buenas”, “para que me ayude con la chica que tanto me gusta” etc.Pasamos ante el altar para llegarnos al lado del Evangelio. En este lado del crucero hay otro gran retablo similar al anterior, con efigie de San José y el Niño, contemporánea, (1996) de Agustín de la Herrán, tallada en nogal.
Volviendo sobre nuestros pasos, por el lado de la Epístola hacia los pies, la primera capilla obedece al esquema ya conocido de vidriera (grupo de ángeles adorando la cruz) y confesionario.
La siguiente es la capilla dedicada a San José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus
Dei. La estatua del santo express, en madera de nogal, es también de Agustín de la Herrán (1996). Una lápida de metal, inserta en el muro explica la relación del santo fundador con la iglesia (parece que aquí celebró su primera misa, en 1927, cuando todavía no había fundado la Obra y volvió a celebrar otra en 1960, cuando el Opus Dei era ya una potente organización). En esta misma capilla, a ambos lados, dentro de hornacinas, sendas urnas sepulcrales del general Manuel Luis de Orleans, conde (no duque) de Charni, de 1740 que fue gobernador de Ceuta y de su padre Juan Luis de Orleans quien, a su vez, fue gobernador general de las plazas de Oran y Mazalquivir. La última capilla de este lado tiene vidriera ( Arcángel San Gabriel con el joven Tobías) y dos confesionarios.
A los pies del templo, dentro de una pequeña capilla redonda y enmarcada por una preciosa y elegante vitrina del siglo XVIII, hay una imagen del Santo Niño Jesús de la Gracia, obra anónima de principios del siglo XVIII.
Sobre la magnífica tribuna del coro, no pasa desapercibido el esplendido órgano barroco, restaurado en 1995 por el organero alemán G. Grenzing y que pasa por ser uno de los mejores de España, con un sonido perfecto, según dicen quienes lo han escuchado.
Como no me suelo ir de las iglesias sin ver la trastienda, esto es la sacristía, normalmente no abierta al visitante, me atrevo a ir hasta ella, animado por un rótulo que dice “pase sin llamar”. Recorriendo un pasillo, llego hasta una pieza cuadrada, con buena cajonería y algunos cuadros antiguos interesantes. Inmediatamente me llama la atención un busto de la Virgen que parece de la escuela de Alonso Cano. Pregunto a un empleado, parapetado tras de una mesa, sobre las tallas de Santa Librada, de Carmona y de San Diego de Alcántara, (tenido antes por San Pascual Bailón), de Juan Pascual de Mena, alabadas por Tormo, y amablemente me las enseña, guardadas en dependencias interiores. Ambas son magníficas, como se aprecia en las fotografías, especialmente la de la santa crucificada, muy parecida a la que se expone en el Museo de Valladolid. Extrañado porque no estén mas a la vista, me atrevo a preguntar a un sacerdote que por allí aparece, por la causa de este ocultamiento y me dice que es “por razones litúrgicas”, lo que
no acabo de entender hasta que, al llegar a casa, he investigado en Internet sobre la hagiografía de esta santa, patrona de Sigüenza. Resulta que Santa Librada, cuya leyenda es cuanto menos curiosa, es, también la patrona de las mujeres mal casadas y por tanto, entiendo yo, resulta “religiosamente incorrecta” para la liturgia. Se imaginan ustedes la cola de fieles que tendría la exposición de la imagen de la santa en la iglesia, en la que, al parecer estuvo, hace ya cuarenta años. Dejaría en un tono menor el culto a San Josemaría. 
He olvidado preguntar por la cripta a la que, al parecer, se accede desde la calle por una pequeña puerta lateral, y en la que estuvo enterrado el célebre músico Luigi Boccherini (1743-1805), hasta que en 1927, Mussolini, el Duce, llevó los restos a Italia, para ser enterrados en la iglesia de San Francisco, en Lucca, su ciudad natal.
© Manuel Martínez Bargueño
Marzo, 2011
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Gracias. Manuelblas
NOTAS
1. Elías Tormo. "Las iglesias de Madrid. Reedición de los dos fascículos publicados en 1927. Prólogo del Marqués de Lozoya. Notas de María Elena Gómez Moreno". Instituto de España, 1972, pág 77.
2. Tenían en esta primitiva iglesia sus enterramientos Pedro Suarez de Toledo, los Coallas, Lagos y Lujanes y en una capilla se ostentaban las armas de los Cisneros, mayorazgos antiguos de la Villa (Pedro de Répide "Las calles de Madrid”. Afrodisio Aguado, cuarta edición, 1981, pág 654.
3. Fueron enterrados en esta parroquia el padre de Quevedo, así como sus abuelos maternos y un hermano y en los libros parroquiales se encuentran las partidas de defunción de Alonso de Ercilla, del padre de Miguel de Cervantes, Rodrigo, Francisco López de Zárate, de miembros de la familia de Lopez de Hoyos, Jerónimo y Francisco de la Quintana o el doctor Godínez
http://www.bsanmiguel.es/ 4. Se llamaba “de los Octoes” para diferenciarla de otra parroquia con la misma titularidad que se conocía como “de La Sagra”, por ser los naturales de esa región toledana sus principales feligreses (Pedro F. García Gutierrez y Agustín F. Martínez Carbajo “Iglesias de Madrid” Ediciones la Librería 2006, pág. 202).
5. Según
http://www.monumentamadrid.es/ en la década de los 60-70 se llevaron a cabo reformas en el presbiterio y en la cripta por los arquitectos Germán Valentín-Gamazo Garcia-Noblejas y Jose Hernandez Martínez-Arcos.
6. Según Tormo, Ardemans proyectó una iglesia similar, pero mas corta que la que se vino a realizar por el arquitecto Giacomo Bonavía (Tormo, ob.cit, pag. 78).
7. Elías Tormo, ob.cit, pág. 82, nota.
8. Ramón Guerra de la Vega. "Madrid. Guía de Arquitectura 1700-1800", segunda edición, 1984.
10. Juan Agustín Ceán Bermudez. "Diccionario Histórico de los mas ilustres profesores de las Bellas Artes en España I." Reales Academias de Bellas Artes y de la Historia. Madrid, 1965, pág. 256.
11. Esta informaciones las tomo en su mayor parte del libro “Iglesias de Madrid” , ob.cit. págs. 205-6.
12. Ramón Moreno Montegudo “Iglesias antiguas madrileñas” Ediciones La Librería, 4ª edición 2009, pág. 36.