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viernes, 19 de noviembre de 2010

Instituto del Cardenal Cisneros

Cincuenta años han pasado ya desde que me examiné para obtener el título de bachiller elemental en el entonces Instituto Nacional de Bachillerato Cardenal Cisneros de Madrid, como alumno de un colegio reconocido de bachillerato, regentado por una orden religiosa, instalado en la zona. No recuerdo exactamente en que consistían las pruebas de la temida Reválida de 4º (plan 1953); sé que había una traducción del inglés que comenzaba diciendo “When Portia returned home, Bassanio and Antonio...” y especialmente recuerdo que la prueba de matemáticas, consistía en dos problemas, que no supe resolver – uno de ellos con este mandato inicial “Trace usted una diagonal...” elemento geométrico este cuyo significado me era en aquel tiempo desconocido-, y cuatro preguntas a ninguna de las cuales contesté. Pese a mi absoluta carencia de conocimientos, obtuve la calificación de notable, misterio pedagógico sobre el que estuve mucho tiempo meditando hasta dar con la respuesta adecuada: por aquel entonces los catedráticos del instituto encargados de velar por pruebas de Reválida no corregían los ejercicios de los alumnos de los colegios privados sino que descansaban la “responsabilidad” de la calificación en los profesores del propio centro, que eran los primeros interesados en aprobar al mayor número posible de alumnos para dar prestigio a su establecimiento. Por eso aprobamos todos los presentados con buenas calificaciones, hecho que la revista del colegio se daba buena maña en resaltar.

Medio siglo mas tarde de esta circunstancia personal, que hoy puede parecer anecdótica pero que fue importante para el devenir de mi vida académica, he vuelto a visitar el Instituto del Cardenal Cisneros, atraído por la oferta cultural de Jornada de puertas abiertas y visitas guiadas anunciada en la Semana de la Ciencia con el título: “El Instituto del Cardenal Cisneros. Laboratorio de Experiencias Pedagógicas”.

La promotora de esta actividad es la profesora de secundaria y bibliotecaria del Instituto, Carmen Rodríguez Guerrero, doctora en Ciencias de la Educación y experta en patrimonio histórico de las instituciones educativas. La profesora Rodriguez Guerrero es, además, autora de un libro sobre la historia del Instituto “El Instituto del Cardenal Cisneros de Madrid 1845-1877”, publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

La citada profesora, acompañada de otro miembro del claustro y de alumnos colaboradores en la visita, acoge al grupo en el que figuran algunos antiguos alumnos que han pasado por el Instituto y nos facilita las oportunas informaciones sobre la dilatada historia del Instituto (155 años), que intento resumir a continuación, intercalando algunas notas propias.

El Instituto del Cardenal Cisneros se creó en 1845 con el Plan Pidal (redactado por Gil de Zárate), de secularización de la Enseñanza, que crea la Segunda Enseñanza Elemental y de Ampliación 1, estudios específicos para las clases medias” y funda los primeros Institutos para impartirlas. Con anterioridad, desde 1837 se seguían estudios de filosofía elemental en el edificio del antiguo Noviciado de Jesuitas. En Madrid como el número de estudiantes era muy elevado se crearon dos Institutos el de San Isidro, de antigua tradición (Estudios Reales de San Isidro) y este del Noviciado. Durante un tiempo los estudios de secundaria estaban subordinados a la Universidad hasta que la ley Moyano (1857) independiza ambos órdenes de enseñanzas.

En la historia del Instituto es importante la fecha de 1868 (Revolución “Gloriosa”) porque el Gobierno revolucionario dictaminó que se impartiese, junto al antiguo; un nuevo plan de estudios de contenido progresista 2 y como había suficiente profesorado, quizás mas en formación y nuevos métodos pedagógicos que en número, se ofrecieron a dar clases gratuitamente nada menos que Nicolás Salmerón y Francisco Giner de los Ríos, como así lo hicieron.

En 1877 (R.O. De 21 de junio) se da el nombre de Cardenal Cisneros al Instituto del Noviciado y ese mismo año el Conde de Toreno, ministro de Fomento, aprueba los planos y da la orden de construcción del nuevo edificio en la calle de los Reyes, en piedra de Colmenar y ladrillo visto (el Instituto consta de dos edificios fácilmente identificables al exterior). La profesora Rodríguez Guerrero (en adelante, Carmen) subraya el hecho de que el coste de la construcción (500.000 pesetas) fue sufragado por el propio Instituto con cargo al dinero de las matrículas.

Este es el instante oportuno para contemplar y entender el significado de la monumental escalera que da acceso las plantas superiores construida según planos del prestigioso arquitecto, autor de la ampliación del edificio, Francisco Jareño y Alarcón (1818-1892), similar en su presencia y empaque a otras escaleras del mismo arquitecto clasicista como son los de la Biblioteca Nacional o la Bolsa de Madrid. Quien sube por estas escaleras, de alguna manera, asciende a los pináculos de la ciencia y la cultura y quizás, pienso yo también asciende a una superior categoría social.

Guiados por Carmen pasamos al primer edificio, del Noviciado, frontero con instalaciones de la Universidad Complutense y dispuestas en torno al llamado patio del rector, en homenaje al que lo fue de la UCM, Amador Schüller, la parte mas antigua del edificio. Pasamos ante una puerta cerrada que da a la calle, antigua entrada a la Universidad, donde Benito Pérez Galdós, el gran escritor canario de nacimiento y madrileño de adopción, sitúa el arranque de su inmortal novela “Fortunata y Jacinta”: “... este amigo mío y el otro y el de mas allá, Zalamero, Joaquinito Pérez, Alejandro Miquis, iban las aulas de la Universidad. No cursaban todos el mismo año y aunque se reunían en la cátedra de Camús, separabanse en la de Derecho Romano: el chico de Santa Cruz era discípulo de Novar, y Villalonga, de Coronado”. Acontecimientos históricos como la la Noche de San Daniel (1865), y la “primera cuestión universitaria” (1867), que dio lugar la separación de sus cátedras de los profesores Salmerón, Sanz del Río y Fernando de Castro, tuvieron lugar entre estos muros.

Volvemos al edificio de la calle de los Reyes y subimos a la Biblioteca Histórica Escolar. Posee un fondo de libros antiguos de gran valor (últimos 150 años) no solo para la historia de la educación sino para conocer la evolución de la sociedad española. Es accesible de manera virtual a través de la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico (Bibliotecas Escolares Históricas) 3. Carmen cita la labor a estos efectos del Centro de Investigación sobre Manuales Escolares de la Universidad Nacional de Educación a Distancia que coordina desde hace quince años el proyecto MANES en el que participan mas de veinte universidades españolas e iberoamericanas cuyo objetivo principal es la investigación sobre manuales escolares 4. También nos muestra, con la ayuda de los alumnos colaboradores, unos trabajos escolares realizados en el curso 1877/78 y nos cuenta una historia interesante acerca de ellos: estos trabajo forman parte de unos materiales elaborados por todos los catedráticos y alumnos del Instituto y fueron presentados en la Exposición Universal de París de 1878 para rebatir las tesis de Manier, un pedagogo francés que en 1867 había publicado un libro titulado “Mapa de la Instrucción en Europa” donde, basándose en una serie de datos (analfabetismo, número de escuelas, gastos en educación), clasificaba a las naciones europeas en cinco grupos en función de su grado de adelanto educativo. En este “ranking”, diríamos hoy, España estaba en el último grupo, “de países muy atrasados donde prácticamente la totalidad de la población desconoce la lectura y la escritura", junto con Rusia y Turquía. Los profesores del Cardenal Cisneros, “movidos por su patriotismo”, no aceptaron esta clasificación y quisieron mostrar en este escaparate de París, que España, en los años 70 del siglo XIX, era un país en vías de desarrollo y modernidad, donde se habían producido grandes adelantos en materia de educación que obligaban a una corrección de esta clasificación. Para ello llevaron a París, libros de textos elaborados por los catedráticos del Instituto, trabajos escolares, materiales y colecciones del Gabinete-Museo de Historia Natural y de los laboratorios de Física, Química y Fisiología, junto con un folleto titulado “Rectificación del mapa de M. J. Manier” firmado por el director del Instituto, Acisclo Fernández-Vallín. Como consecuencia de esta estrategia el Instituto Cardenal Cisneros alcanzó una Medalla de Oro de la Exposición. Lo que no se consiguió es que rectificara M. Manier, que debía tener, el hombre, por lo que cuentan, una cabeza muy dura.

Pasamos seguidamente a la Sala de Juntas, aparatosa, con muebles específicos para el sitio que llevan integrado el escudo del Instituto otorgado por el rey Alfonso XII. En esta estancia se reunía el claustro de profesores en sesiones que, a tenor de las actas conservadas, debían ser bastante “movidas”. Los sueldos de los profesores eran bastante elevados para la época y la cátedra en el Cisneros una buena plataforma para la Universidad. Fueron profesores en este centro, entre otros, Manuel María José de Galdo, que llegó a ser Alcalde de Madrid, Vicente García de Diego, catedrático de Latín y Francisco Rodriguez Adrados, que lo fue de Griego. Los alumnos que pasaron por estas aulas y llegaron a ser personajes célebres fueron muchos: el Conde de Romanones, Eduardo Dato, los hermanos Machado, Jacinto Benavente, Ramón Gómez de la Serna, Salvador de Madariaga, Ramón Ménendez Pidal y la que sería su esposa María Goyri, Camilo José de Cela, Julián Marías, López Aranguren etc. etc. El Instituto fue mixto desde 1877 hasta la guerra civil.

En el despacho del Director, bastante inhóspito, a mi juicio, se guardan ejemplares de antiguos libros de texto y los planos originales de la ampliación de Jareño.

Visitamos el Aula Magna, que se conserva como antes era. Me recuerda, no se si será la misma, a aquella donde me examiné de Reválida, con su alta tarima para el profesor, circundada por una barandilla, mapas en las paredes y bancadas corridas para los alumnos separadas por un pasillo.


La última parte de la visita, quizás la mas interesante es la que corresponde al Gabinete Museo de Historia Natural y a los laboratorios de Ciencias Naturales, Fisica y Química. Las piezas expuestas, algunas del siglo XIX 5 son interesantísimas: instrumental, colecciones de fósiles, de insectos, de conchas marinas, láminas, modelos desmontables, animales disecados, maquetas geográficas, incluso un excepcional, “hombre clástico”, formado por 2.000 piezas del que solo hay tres ejemplares en el mundo mundial. Todo ello forma un material ingente, reunido a lo largo de los años, fruto del trabajo abnegado y laborioso de hombres de ciencia o de donaciones o legados, que, luego de muchos años, se ha ido catalogando y hoy se conserva amorosamente. Son piezas y conjuntos que con el paso del tiempo han adquirido un valor histórico y emocional y que merece la pena ser mejor conocidos y visitados como parte de nuestro patrimonio cultural.

Mientras desciendo por la majestuosa escalera de piedra, camino de la calle, voy pensando que me hubiera gustado cursar en este Instituto todo mi bachillerato, en vez de en un colegio de curas, quizás habría aprovechado mas el tiempo o, al menos, seguro que me hubieran enseñado lo que es una diagonal.


©
Manuel Martínez Bargueño
Noviembre, 2010 (última actualización, enero 2011)

Si te ha interesado este artículo y quieres preguntar, comentar aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de correo manuelblas222@gmail.com con la seguridad de ser prontamente atendido.

Gracias. Manuelblas

NOTAS

1. La Enseñanza Media Elemental “indispensable para toda persona bien educada”, tenía una duración de cinco años y la Enseñanza Media de Ampliación, preparatoria para cursar estudios universitarios, de dos años.

2. Los progresistas introdujeron en el plan de estudios de la enseñanza media innovaciones tales como el estudio del castellano, en detrimento del latín, la psicología moderna, el arte y la historia de España, los principios fundamentales del Derecho, elementos de agricultura y comercio etc, (Decreto de 21 de Octubre de 1868).

3. La Biblioteca virtual del Instituto de Educación Secundaria Xardenal Cisneros de Madrid está integrada por 197 libros, de ellos 74 son del siglo XIX. El mas antiguo es el “Compendio de matemáticas puras y mistas” de José Mariano Vallejo (1819) Recomendamos la visita en
http://bvpb.mcu.es/

4. Recomiendo la consulta a su página web
http://www.uned.es/manesvirtual

5. La ley Moyano de 1857 exigía que las instituciones de Educación Secundaria contaran con Biblioteca, Gabinete de Historia Natural, Jardín Botanico, laboratorios de Física, Química Agricultura, Fisiología e Higiene y materiales especiales para las asignaturas que necesiten demostraciones y prácticas como Geografía e Historia, Matemáticas, Dibujo Lineal y de Adorno.